¿Tenaza?

Mi abuelo no era un hombre muy hacendoso. O por lo menos, eso es lo que recuerdo. Sí le gustaba hacer cestas de mimbre, y era muy hábil en eso. Pero, más allá de eso, no tengo memoria de verlo trabajar con sus manos.

Recuerdo su caja de herramientas. En el mejor sentido de la palabra, era “una caja de madera”, algo parecido a un viejo cajón de botellas de leche, de esos que se usaban en los almacenes de los ’60 y ’70. ¿Te dije que era almacenero? ¡Ah! Era almacenero. Tal vez, precisamente, su caja de herramientas era un cajón de botellas de leche.

Recuerdo que había alambre. Mucho alambre. Y clavos… Siempre pasaba un par de horas ¡enderezando clavos usados! Por supuesto que aprendí la técnica. Para un hombre que atravesó la guerra civil española, ¡no era cosa de andar tirando clavos doblados!

También tenía un martillo (con el que enderezaba los clavos) y una tenaza. Punto. Pará de contar. No recuerdo si tenía un metro de madera, pero supongo que sí.

A esa tenaza la usaba para cualquier cosa. Por el trabajo de mis viejos, yo pasaba largas horas en casa de mis abuelos, así que casi crecí con la idea de que la única herramienta para todo era la tenaza. ¡Grande fue mi sorpresa al crecer y ver que, en realidad, nadie la usaba! ¿Para qué te sirve una tenaza? Para cortar alambre, para redondear alambre, para tensar alambre, para cortar clavos… ¡para enderezar clavos! Pero también… para apretar o aflojar una tuerca, para clavar un clavo (obvio, ¿no?), para aplastar una chapa, para sacar un clavo de una pared y, si te descuidás, también un tornillo. Para desarmar los cajones de cerveza… Qué sé yo, para todo.

Claro, salvo en los casos de alambre, en los demás no era muy efectiva. Servía, pero costaba más. Se hacía el trabajo, pero a veces las tuercas quedaban marcadas, los tornillos retorcidos, los clavos… torcidos. Servía para todo, pero no servía para todo.

A veces queremos hacer lo mismo con la gente. Equivocadamente pensamos que “con las buenas intenciones basta”, pero con las buenas intenciones no basta. Todos somos iguales ante el Señor, pero nuestra igualdad se define por el valor que tenemos ante Él, la salvación que nos entregó en la cruz y su misericordia, que “permanece para siempre”. Todos somos iguales, pero no todos tenemos las mismas capacidades. Y eso no significa que uno es más o menos que el otro, solo que tenemos distintas habilidades.

A ver, yo sé en qué soy bueno… o intento serlo. ¡Pero también sé en qué soy malo! Y aunque intente mejorar, sigo siendo malo en algunas cosas. Hay muchas tareas que quiero hacer personalmente, pero otras las encargo a otros. ¿Para darles oportunidad? ¿Para delegar? ¿Para formar y desarrollar a los demás? Sí. Pero, a veces, simplemente porque no soy bueno en hacerlas.

Proverbios 14:4 (TLA) dice —y aclaro la versión porque es en la única que hace este enfoque—:
“Sin las herramientas apropiadas, el trabajo no da fruto; con buenas herramientas se saca mejor provecho.”

¿Cuántas veces insistimos en martillar el clavo con la tenaza? ¡O con la pinza!
¿Cuántas veces nos fastidiamos o frustramos porque el trabajo no sale?
¿Cuántas veces “cavaste alrededor de la higuera y la abonaste” (Lucas 13:8), pero sigue sin dar fruto?
¿Hasta cuándo vas a permitir que “la tenaza” ocupe un lugar que no le corresponde y para el que no sirve?
¿Hasta cuándo vas a insistir e insistir en lo que (ya sabés) que no va a funcionar?

“Sin las herramientas apropiadas, el trabajo no da fruto; con buenas herramientas se saca mejor provecho.”

Cuando el dueño de la tierra repartió las monedas antes de irse de viaje (Mateo 25), no les dio la misma cantidad a cada uno. Las entregó “según su capacidad” (Mateo 25:15).
Cuando el sembrador arrojó la semilla en buena tierra (¡al fin!), no generó el 100% de la semilla el 100% de rendimiento, sino que “dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta y cuál a treinta por uno”. (Mateo 13:8)

¿Conocés la frase “no gastar pólvora en chimango”? Bueno, no hagas trabajo de precisión con la tenaza de mi abuelo. Así como la canción de los nenes de Jardín decía: “¡A guardar… a guardar… cada cosa en su lugar!“, cada cosa tiene su lugar y cada cosa tiene su función. Para “sacar el mejor provecho”, usá la “buena herramienta”, la “herramienta apropiada” (Proverbios 14:4)

¿Me estoy hablando a mí? Sí, me estoy hablando a mí.

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