Semillas

¿Seguimos con Balaam? ¡Sigamos con Balaam!

Como conté anoche, nunca antes Dios me había ministrado tanto con la historia de Balaam. Siempre lo más relevante había sido lo de Mr. Ed (el caballo que habla), representado en este caso por la burra, o el asna, que no sé cómo se llamaba, pero también hablaba.

Hasta ayer, seis cosas me había hablado el Señor respecto de Balaam y su burra. Pero parece que hoy hay más. No voy a repasar los seis de anoche—podés escuchar la prédica—, pero seguimos hablando de la bendición y la maldición.

¿Te dije alguna vez que, en el reino de los cielos, todo gira alrededor de la siembra y la cosecha? Me parece que sí. Bueno, si no te lo dije, te lo digo ahora: en el reino de los cielos, todo gira alrededor de la siembra y la cosecha. Todo lo que se siembre, se cosecha; y la cosecha siempre es mayor que la siembra.

Nunca mires el tamaño de tu semilla, porque no todas las semillas tienen el mismo rendimiento. Enfocate solamente en sembrar, y te vas a sorprender de lo que Dios es capaz de hacer. ¿Te acordás de la historia de la alimentación de los cinco mil? Cinco mil hombres comieron de lo que generó la siembra de cinco panes. Un pan alimentó a mil. No mires el tamaño de la semilla.

Siembra y cosecha aplica a todo: a la economía, a las relaciones personales, a lo natural, a lo espiritual. Siembra y cosecha, según Balaam, también aplica a la bendición y la maldición. Y está bien que lo vea así, porque claramente la Biblia dice:

“Todo lo que el hombre siembre, eso mismo cosechará.” (Gálatas 6:7)
“Sembraron vientos y cosecharán tempestades.” (Oseas 8:7)

Por eso Balaam declara, al bendecir a Israel: “¡Benditos sean quienes lo bendigan! ¡Malditos sean quienes lo maldigan!” (Números 24:9).

No existe la maldición efectiva.
No estás a expensas de lo que a un loquito se le ocurra hacer.
No sos esclavo de las palabras maliciosas del que te odia.
No estás a expensas de hechicerías y brujerías.

El reino de las tinieblas no tiene poder sobre la iglesia, y la iglesia es la que tiene toda autoridad sobre el reino de las tinieblas.

¿Querés ser bendecido? ¡Bendecí!
Si alguien te maldice, ¡maldito será!

¡Ah! ¡También se lo dijo Dios a Abraham!

“Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren, maldeciré…” (Génesis 12:3).

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