Oligarquías

En el año 1813 se eliminaron los títulos de nobleza, los privilegios de nacimiento y el derecho de sangre. Eso es lo que hace que, a diferencia de muchos países europeos, en Argentina no existan condes, duques ni barones, aunque… la política muchas veces se encarga de mantener sus “oligarquías”.

Así es que siguen existiendo algunos “derechos de abolengo” y nunca falta el que levanta la bandera del “¿Sabés con quién estás hablando?”, asumiendo o pretendiendo ser más que el otro, solo por el apellido o lugar de residencia.

¡No es de ahora, eh! En la Biblia nos encontramos con los fariseos, que se creían mejores que los saduceos, y con los israelitas, que en general se consideraban superiores a los extranjeros.

Así fue que Jesús confrontó a los “líderes” religiosos, los que se creían más, los que de la nada decían: “Tenemos a Abraham por padre” (Lucas 3:8).

“¡No comiencen a decirse eso!”, les dijo Jesús. “Su tribu no los hace mejores y su origen no los posiciona. Por ser descendientes de Abraham no son más que los demás. Si quieren estar por encima… ‘produzcan frutos dignos de arrepentimiento‘” (Lucas 3:8).

Como ya había dicho Isaías —y que Lucas registra hablando de Juan el Bautista—: “Todo valle será rellenado, y todo monte y colina será nivelado. Los caminos torcidos serán enderezados, las sendas dispares serán allanadas…” (Lucas 3:5). No hay diferencias de familia, raza, tribu o nación. Pablo agrega que ya no hay diferencias de género… (Gálatas 3:28), y Jesús confirma que lo que te diferencia es tu consagración y tu fe (Mateo 15:28; Lucas 3:8).

¿Dónde está puesta tu confianza?
¿Te considerás hijo o nieto?
¿Qué derechos tenés delante de Dios que los demás no tengan (o tengamos)?
¿Qué fundamento te da ese derecho?
¿Estás dando fruto? ¿Qué tipo de fruto?
¿Qué bandera levantás? ¿Tu linaje? ¿Tu apellido? ¿Ser “cristiano de cuna”? ¿Ser un convertido?
¿Sos más que el otro porque Dios te rescató de algo peor?
¿Sos menos que los demás porque no fuiste un perverso pecador?

Juan el Bautista llegó a ministrar a un soldado romano que quiso cambiar… (Lucas 3:14).

Producí “frutos dignos de arrepentimiento”. Producí frutos que demuestren tu transformación.

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