¡No pasará!

“El evangelio es una declaración de guerra.” Eso ya es algo definido y sobreentendido. Tal vez sos de los que piensan que no, que el evangelio es amor y paz. Y sí, es amor y paz, y por eso es una declaración de guerra.

A partir del momento en que decidimos aceptar el llamado del Señor, nos ponemos en pie de guerra. La guerra espiritual no es la gran batalla épica entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal, y mucho menos entre Dios y el diablo, sino entre este último y el cristiano. Ser cristiano es ponernos en el frente de combate ante aquel que, como dijo Jesús, “vino para hurtar, matar y destruir” (Juan 10:10).

Ayer hice un comentario sobre esto: a veces, por error, creemos que estamos a expensas de los ataques del enemigo que nos impiden levantarnos, cuando en realidad es solo una amenaza provocadora de un matón sin peso que pretende intimidar, callarte, detenernos. Bien clarito lo dijo Santiago: “Si nos sometemos a Dios y resistimos al diablo, el diablo huirá” (Santiago 4:7, versión libre mía). Ahí está la clave: someterte a Dios y resistir… cuando resistís, el diablo se va.

No somos muñequitos de punching ball listos para ser golpeados por el enemigo, sino cristianos, hijos de Dios, que, puestos de pie, detenemos sus ataques.

Resistencia, permanencia, perseverancia.

¡Y esta guerra es constante! O sea, a pesar de saberse vencido, sigue intentando detenerte. Pedro lo dice con estas palabras: “Manténganse alerta. Su enemigo, el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar” (1 Pedro 5:8). Si sigue intentando, no es por tonto, sino porque conoce nuestro grado de tontera. Sigue intentando, no por aburrido, sino porque, como el león, sabe que al primer descuido atrapa la presa. ¡La presa sos vos, eh!

Cuando Jesús fue provocado por este mismo ser, luego de varios intentos de hacerlo caer, luego de manipularlo con sus carencias y necesidades para que respondiera a la provocación, Lucas dice que: “Cuando el diablo agotó sus intentos de ponerlo a prueba, se apartó de él por algún tiempo” (Lucas 4:13).

  • Va a intentar detenerte hasta agotar sus intentos.
  • Te va a rodear buscando debilidades.
  • Te va a hablar y susurrar para “comerte el coco” (hacerte la cabeza).
  • Te va a ofrecer lo que estabas esperando.
  • Te va a estorbar para que desvíes tu camino.
  • Te va a abrir puertas por las que anhelabas entrar.

Hasta el último intento va a buscar la manera de mantenerte en el fracaso, la miseria y el camino a la muerte espiritual. Anoche hicimos una declaración: “Me paro firme y digo: ¡Aquí no pasará!”

No te asustes por las pruebas.
No te achiques en el proceso.
No te intimides por las amenazas.
No creas sus mentiras.
No mires para atrás.

Parate firme y decí: “¡Aquí no pasarás!”

“… el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.” (Mateo 11:12)

Resistencia, permanencia, perseverancia.

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