¡Egoístas y Envidiosos!

¿Conocés el cuento (comedia teatral) El perro del hortelano? Es una sátira del siglo XVII del escritor español Lope de Vega que, más allá de la trama de la comedia y sus enredos, quedó en el refranero popular con el dicho: “Es como el perro del hortelano, que…” ¿Sabés cómo sigue? ¡Seguro que sí! “… que no come él ni deja comer al amo.

Como todo refrán, lleva a una aplicación práctica. En este caso, apunta a esa clase de gente que no quiere que los demás sean felices, les molesta el progreso ajeno, se incomodan cuando al otro le va bien y, básicamente, porque eso los confronta con su propia mediocridad o pereza. Es esa clase de personas que, si no progresan ellos, quieren mantenerte a la par para que todos sigan en la misma condición. Para seguir “refraneando”, podría decir que son la ejecución de “Mal de muchos, consuelo de tontos”: si todos estamos mal, no se nota.

¿Hay gente así? Hay gente así. Por eso, tenemos que saber elegir bien nuestras relaciones, amistades y con quién compartimos nuestra vida o parte de ella.

Bueno, el compartir también es otro tema. A veces, por exceso de confianza o por necesidad de aceptación, abrimos demasiado las compuertas del corazón, y el resultado no suele ser muy bueno. ¿Te acordás de Ezequías y los babilónicos?

Volviendo al perro y al hortelano, tenemos que saber elegir con quiénes nos juntamos y de quiénes nos rodeamos. Nuestro pasado no nos define, y nuestro entorno tampoco, pero nuestro entorno suma puntos a la hora de la formación del criterio y los pensamientos. Por lo tanto, influye en nuestras decisiones y, en consecuencia, en nuestras acciones, que determinan nuestro futuro.

Moisés estaba organizando la conquista y el reparto de la tierra que el Señor les entregó. Los príncipes de las tribus se preparaban para entrar y tomar posesión. Pero tres de ellos eligieron un lugar distinto y decidieron quedarse ahí. Informan a Moisés, y este les dice:

“¿Por qué desaniman así a los hijos de Israel, para que no pasen a la tierra que el Señor les ha dado?” (Números 32:7)

Tus acciones influyen en los demás.
Tus decisiones impactan en tu familia y en tu entorno.
Aunque tal vez no lo sepas, estás a la vista de todos: los que buscan tu bien y los que buscan tu mal (1 Corintios 4:9).

Pero también las decisiones de quienes te acompañan impactan en vos, en tu familia, en tus decisiones y, por extensión, en tu futuro.

¿Con quién te estás juntando?
¿De quiénes te estás rodeando?
¿A quién le permitís influenciar tus pensamientos?
¿Y tus creencias?
¿Y tu fe?
¿A quién le permitís convertirse en un “formador de opinión”?

Cuidá tu mente.
Cuidá tu corazón.
Cuidá tus pensamientos y de dónde nacen.
Cuidá tu entorno.
Sos responsable de tu futuro… y de tu familia.

¡Decidí bien con quién estás!

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