En los últimos años, o ya décadas, hemos notado un avance en la conciencia social respecto al cuidado del medio ambiente. El crecimiento de la población a nivel mundial viene acompañado de un aumento de residuos (o sea, basura), y el incremento de desechos de consumo humano empieza a ser un problema.
Está el incremento del uso de plásticos y, al mismo tiempo, las políticas ecologistas para limitar su uso. Es algo realmente bueno e interesante, pero que va de la mano de la falta de criterio, porque resulta hasta gracioso que en el súper no te den una bolsa plástica donde poder meter todo lo que compraste… que viene en envases plásticos (ironías de la modernidad).
También está el tema de la tecnología: creo que debe haber, al menos en nuestro país, más celulares que gente. Y los celulares tienen baterías que se gastan, mueren y terminan también contaminando el ambiente.
Después está el tema del relato político y la falta de gestión al mismo tiempo. Te hablan de “descacharrear” para evitar la proliferación de mosquitos, pero abundan las zonas inundadas y los barrios sin asfalto. Te hablan de cuidar el agua y ves derrames por todos lados. Te hablan de la contaminación por los gases de las vacas y el combustible de los aviones, y al mismo tiempo tenemos basurales a cielo abierto y quemas de basura por falta de recolección.
Tranqui, no estoy haciendo campaña política. Tal vez solo un análisis de la realidad social.
¿Es un problema la contaminación? ¡Claro que lo es! Y mucho más grave de lo que se entiende y se trabaja para evitarlo. Desde chico escucho hablar de la “limpieza del Riachuelo”… ya murió María Julia Alsogaray (funcionaria de los 80/90 que tuvo a su cargo esa tarea) y todavía sigue igual (o peor).
La contaminación ambiental es una sentencia de muerte para las siguientes generaciones, una condena a largo plazo a cadena perpetua.
Me parece que, más allá del uso político e ideológico, sería bueno que cada uno empecemos a cuidar nuestro “metro cuadrado”: no tirar basura en la calle, levantar lo que encontremos al paso, no tirar pilas o baterías a la basura, no quemar plásticos, disminuir todo tipo de emisiones de humo, etc., etc., etc.
Porque Dios le dijo a Moisés, dando instrucciones al pueblo: “No contaminen la tierra que habitan, porque yo habito en medio de ustedes. Yo, el Señor, habito en medio de los hijos de Israel.” (Números 35:34)
Si los contaminantes ambientales afectan el desarrollo humano y perjudican los recursos naturales para la siguiente generación, los contaminantes espirituales afectan el crecimiento espiritual e impiden crear un “clima” de bendición.
Si las emanaciones de gases rompen la capa de ozono y disminuyen el porcentaje de oxígeno en el aire, las palabras que soltamos pueden condenar nuestro entorno a la miseria espiritual.
Si el agua se contamina por los desechos industriales, también contaminamos el espíritu que Dios nos dio cargándolo con ansiedad, estrés, angustia y preocupación.
“No contaminemos la tierra que habitamos” perturbando la atmósfera espiritual hasta el punto en que Jesús nuevamente se vea limitado y “no pueda hacer allí ningún milagro, … asombrado por la falta de fe de ellos.” (Marcos 6:5-6, versión libre).
¿Qué cosas dirigen tus pensamientos?
¿Cuáles alimentan tus palabras?
¿Qué es lo que carga tu corazón?
No contamines la tierra que habitás.
Evitá hablar de más.
Evitá hablar mal.
Evitá llenar tu cabeza de conflictos.
Evitá llenar tu corazón de ansiedad.
No des lugar a la angustia.
No escuches a los profetas del fracaso.
No creas todo lo que te digan.
No te subas a cualquier tren que pase…
No contamines la tierra que habitás…
