¡Date cuenta!

A mediados de la década de los 80 se estrenó en Argentina una película protagonizada por Luis Brandoni y Darío Grandinetti (era una época en la que la ideología política no afectaba al cine). Se llamó Darse cuenta y se enfocaba en el conflicto hospitalario ante la atención de un accidentado grave, en condición casi terminal (Grandinetti), donde un médico (Brandoni) decide ponerse en contra de las autoridades del hospital y la familia y comienza un larguísimo proceso de operaciones y rehabilitación.

La película tenía un trasfondo político: mostrar la crisis del sistema de salud (año 1984…) y los problemas de la burocracia. Era un llamado de atención a la sociedad y al espectro político para “darse cuenta” de la realidad en que se vivía.

A veces es por las corridas diarias. A veces, por los problemas personales. A veces, por ignorancia. A veces, por vivir metidos solo en lo nuestro. A veces se trata de indiferencia y, otras veces, de negación; pasar por tonto suele ser conveniente. Pero, por una u otra razón, a veces no nos damos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor.

A veces pedimos lo que no necesitamos. A veces, lo que no queremos. ¡A veces pedimos lo que ya tenemos! Por no darnos cuenta de dónde estamos, qué tenemos o quiénes somos.

Es como cuando pedimos ser bendecidos, sin “darnos cuenta” de que ya “nuestro Señor Jesucristo nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo…” (Efesios 1:3).

O como le pasó a Israel, que después de años de dar vueltas en el desierto no tomaban conciencia de que Dios les había entregado una tierra, ¡y no cualquier tierra! Sino una “buena tierra” (Deuteronomio 1:26), “una tierra donde abundan la leche y la miel” (Éxodo 3:17). Pero no se daban cuenta. O querían todo servido y no querían pelear, o simplemente estaban tan acostumbrados al desierto que no creían lo que tenían ante sus ojos.

“Dense cuenta de que el Señor su Dios les ha entregado la tierra. ¡Adelante! Tomen posesión de ella, conforme a la promesa del Señor, el Dios de sus antepasados. ¡No teman ni desmayen!” (Deuteronomio 1:21).

¿Qué estás esperando para conquistar tu tierra prometida?
¿A qué le tenés miedo?
¿No creés que Dios la puso en tus manos?
¿Pretendés que te lleve a upa?
¿Por qué seguís extrañando ‘las joyas de Egipto’? (Éxodo 33)
¿Acaso seguís mirando atrás?
¿Qué es lo que te detiene?
¿Qué te separa de tu bendición, de vivir en plenitud?

“¡Adelante! Tomen posesión de ella, conforme a la promesa del Señor…” dijo el Señor; y como en todo lo que tiene que ver con sus promesas, con lo que Dios espera de vos y tu relación con Él, se requiere de tu intervención.

“¡No temas ni desmayes!” Dios te entregó tu tierra de bendición, tu lugar de plenitud.

No sigas esperando. Dios ya te dio la tierra, pero vos tenés que dar el paso. ¡Es tiempo de avanzar y tomar posesión de lo que Él preparó para vos!

¡Date cuenta!

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