Como dije estos días, Deuteronomio es un librazo. No solo por la compilación de historia y ley, sino porque lo hace desde la primera experiencia y aplicación. O sea, sabe de qué habla.
Cuando Moisés recuerda y relata al pueblo que fueron elegidos para ser “pueblo especial” de Dios, era algo que ya se hacía sentir. Con el correr de los años, con las vueltas en el desierto, viendo lo que pasaba a medida que avanzaban y la reacción de los pueblos que encontraban, iba subiendo un poquito el ego santo e iban entendiendo quien era (es) Dios.
Claro, Israel seguía al único y verdadero Dios, pero no te olvides de que vivieron más de 400 años en Egipto, por lo tanto, su identidad estaba bastante filtrada. A pesar de las instrucciones de mantenerse fieles a Dios, el sincretismo religioso siempre impacta en el corazón, la fe y la mente, así que no tenían un entendimiento genuino de a qué Dios servían y qué clase de Dios era (es) este.
¿Será por eso, tal vez, que Moisés les dice: “Sábelo bien: el Señor tu Dios es Dios…” (Deuteronomio 7:9), a lo que agrega ese punto que justamente estamos viendo en la enseñanza sobre “Maldiciones Generacionales”: “…el Dios fiel que cumple con su pacto y su misericordia con aquellos que lo aman y cumplen sus mandamientos, hasta mil generaciones”? La bendición es mayor que la maldición, la bendición invalida la maldición. La maldición es hasta cuatro generaciones… ¡la bendición es hasta mil!
Sí, seguramente es por eso. Es una de esas frases un poco… absurdas. Que son tan obvias que parecen estar de más y que, justamente, estando de más, si las dice… es porque es algo muy importante: “…tu Dios es Dios…”. ¿Sabías que tu Dios es Dios? ¡Woow… tu Dios es Dios!
Este Dios es el que “te eligió para que le seas un pueblo especial” (Deuteronomio 7:6). Hasta donde yo entiendo, especial significa diferente al resto. Entiendo que “especial” significa “no más de lo mismo”. Especial es lo que no es igual (estás redundando, pastor). Bueno, eso… especial.
Especial es también estar en otra posición, y no cualquiera, porque el verso 6 continúa diciendo: “…por encima de todos los pueblos que están sobre la tierra”. Una posición superior. En otras ocasiones mencioné que ser cristiano es ser “una raza superior”, que seguir a Cristo es entrar en un nivel sobrenatural. Ojo, cuidado, no es para que te la creas porque, de paso, añade: “…los ha escogido, no porque ustedes sean más numerosos que todos los pueblos, pues ustedes eran el pueblo más insignificante de todos, sino porque el Señor los ama…” (Deuteronomio 7:7-8).
¿Y qué nos hace especiales entonces? Bueno, nada nuestro, sino todo suyo. Lo que nos hace especiales es haber sido elegidos, haber sido llamados, responder a ese llamado y seguir su camino. ¡Por eso el cuidado de no permitir que nada nos distraiga! En el 16 dice que, si no evitamos lo que nos distrae, “nos va a ser de tropiezo”, y si permitimos lo que nos es de tropiezo, dejamos de ser especiales.
¡Wow! ¡Qué difícil ser cristiano! ¡Hubiera sido mejor seguir como estábamos! ¿Ves? Eso mismo decía Israel al salir de Egipto, y por eso las vueltas en el desierto…
Sí, tal vez sea difícil ser cristiano, pero, de la misma manera que en la fábrica te dan la ropa para trabajar y los zapatos especiales de protección, el que te eligió, el que te llamó, aquel a quien respondiste y con quien querés permanecer es el que te sostiene, te capacita y te levanta. Jesús dijo: “…Para los hombres es imposible, pero no para Dios; de hecho, para Dios todo es posible” (Marcos 9:27).
¿Cómo te estás viendo? ¿Qué estás viendo de vos? ¿Qué estás viendo de Dios?
¿Qué y cómo pensás que es Dios? ¿Qué pensás que hizo en vos y qué puede hacer todavía?
Es necesario que cambiemos nuestra manera de pensar:
Respecto de Dios…
Respecto del evangelio…
Respecto de nuestra relación con Dios…
Respecto de lo que Dios espera de mí…
Respecto de lo que Dios hizo y hace en mí…
“Sábelo bien: el Señor tu Dios es Dios…”
