Se me ocurre que seguirle el ritmo a Jesús no sería algo sencillo. Arrancaban bien temprano con un ¿desayuno? en el campo y comenzaba la caminata. Realmente, deberían tener cuerpo de crossfit: comían pescado, frutos secos y miel; no consumían cerdo ni grasas animales, más que la omega 3 y la B12 que les proporcionaba el pescado; ingerían antioxidantes de las uvas y tenían una constante producción de vitamina D proveniente del sol.
Además… las caminatas… y levantar tiendas… y cargar maderas… y troncos… y comer poco…
Después venía el tema de la gente. Al principio no serían muchos, pero con el correr del tiempo y de las noticias, cada vez eran más los que querían tener un encuentro con Jesús, estar cerca, conocerlo personalmente, verlo hacer un milagro o solo verlo y escucharlo hablar.
Como Zaqueo, que se subió a un árbol; como la mujer con flujo de sangre, que se metió a empujones entre una multitud; como los amigos del paralítico, que lo metieron por el techo de la casa; como los cinco mil, que, a raíz de todo lo anterior, empezaron a seguirlo y a querer escuchar sus enseñanzas.
Los discípulos tenían que hacerse cargo de la gente que quería acercarse a Jesús. A Bartimeo, que no grite. A los de la casa de Jairo, que no molesten al Maestro. ¡A María..! Que ser madre o hermano de Jesús pasaba por otro lado. Lidiar con la gente no es fácil, confrontar con la gente es cansador. La gente… “es gente”. ¡Ah! ¡Vos sos gente, eh! Sí, yo también.
Entonces era lógico que, cuando tenían un rato a solas… se durmieran. Acordate del huerto: “¿Así que no han podido velar ni una sola hora conmigo?” (Mateo 26:40).
Eran de caerse rendidos en cuanto paraban cinco minutos. Pero esta vez aguantaron, y no fue en vano, tuvieron su premio por permanecer despiertos:
“Pedro y los que estaban con él tenían mucho sueño, pero, como se quedaron despiertos, vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.” (Lucas 9:32).
¿Viste cuando te quedás en el cine esperando que terminen los créditos y así pudiste ver los bloopers, el backstage o el tráiler de la secuela? Permanecer tiene su recompensa. Dormirse, dejarse caer, bajar los brazos, renunciar… tiene sus consecuencias. ¡De cuántas cosas me habré perdido por no permanecer! ¡Cuántas por quedarme dormido! Y lo que perdiste de ver, ya lo perdiste de ver. Puede haber algo igual y puede venir algo mejor… pero eso que pasó, ya pasó.
¿Qué perdiste por dormirte? Peor aún, ¡capaz que ni sabés lo que te perdiste! No quiero enfocarme en que faltaste al culto y te lo perdiste (es una obviedad), pero ¿cuántas cosas se te pasaron por alto por no estar despierto? ¿Cuántas veces, por hacerle caso al sueño, te perdiste lo que Dios tenía para vos?
En el huerto Jesús les dijo: “Permanezcan despiertos y oren para que no caigan en tentación.” (Mateo 26:41).
No te duermas. Permanecé.
Perseverá… permanecé.
Resistí… permanecé.
Insistí… ¡permanecé!
Que la “carne débil” (Mateo 26:41) no se convierta en un tropiezo, un obstáculo, para lo que Dios quiere hacer con vos, para lo que quiere hacer a través tuyo, para llevarte al lugar y la posición a la que Dios te quiere llevar.
¡Permanecé!
