Obviamente, en el Reino de Dios la visión es algo relevante. No hablo de la visión espiritual (visiones proféticas), ni del discernimiento (ver y entender espíritus), ni tampoco de la proyección a una meta o saber por dónde ir en tu vida (tener visión); sino que estoy hablando de la capacidad óptica de ver. (Bueno, más o menos).
Siempre me resultó muy llamativo cuando Jesús dice: “Miren, pues, cómo oyen…” (Lucas 8:18), porque, sinceramente, ¿qué tiene que ver el oído con la vista? ¿Se puede ver lo que se oye?
Recuerdo haber leído un artículo científico sobre los “colores del sonido” y el “sonido de los colores”, donde el cerebro recibe distintas frecuencias e impulsos ante determinados sonidos y colores, lo que sirve para trabajar en la mejora auditiva y visual de hipoacúsicos y ciegos. Pero no creo que Jesús se estuviera refiriendo a eso.
Me parece que está más relacionado con “prestar atención” a lo que oímos, ejerciendo la autoridad de decidir si escuchar o no lo que oigo y qué hacer con eso que acepté oír.
También dice Proverbios 3 que debemos “reconocer” al Señor en “todos nuestros caminos” (v. 6); y ¿de qué otra manera se puede reconocer lo que está, o a quién está, en tu camino, que no sea viéndolo?
Tener metas en nuestra vida —aunque este no era el punto— también implica ver, porque ¿cómo vas a llegar a un lugar sin saber dónde está ese lugar? Necesitás ver…
¿Acaso no le dijo Dios a Abraham: “…toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre”? Abraham iba a recibir no lo que Dios quisiera darle, sino lo que él viera o pudiera ver.
La visión, o la vista, ocupan un lugar de relevancia en el Reino de Dios.
Dios le dijo a Moisés: “Fíjate bien: hoy he puesto delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal” (Deuteronomio 30:15).
“Fíjate bien…” Obviamente hay que prestar atención a lo que tenemos por delante. Obviamente es importante mirar detenidamente. Obviamente no es cuestión de mirar por encima. Hay cosas de Dios que son vitales para nuestra vida y crecimiento espiritual, pero que no están claramente a la vista.
¿Cómo? Isaías 35:8 dice que “…si alguien pasa por este camino [el camino de Dios], no se extraviará, por más torpe que sea”. Entonces… ¿puede ser que no esté bien definido o marcado?
“Fijate bien…” es una invitación a enfocarte. Es un llamado de atención, como cuando suena la alarma en el avión para que te ajustes el cinturón de seguridad; es una estrategia para que “no seas sabio en tu propia opinión” (Proverbios 3:7), y “no te apoyes en tu propia inteligencia” (3:5); es una pequeña trampa de Dios para que tengas que “buscar a Wally” enfocado, observando, en detalle, concentrado, con detenimiento; porque sería un grave peligro tomar el camino equivocado.
“Fijate bien”, porque “el bien y el mal, la bendición y la maldición, están delante tuyo” (versión libre de Dt. 30:15). Porque si vas caminando con la vista puesta en tu celular, o en tu propia visión, o en tus propios planes, en tus propios gustos y placeres, sin asegurarte de que todavía el Señor esté por delante… podés estar caminando derechito al caos (Proverbios 14:12).
¿Dónde están puestos tus ojos?
¿En qué te estás enfocando?
¿Qué cosas estás mirando?
¿A quién estás buscando?
“Fijate bien…” el camino por el que estás andando… hacia la meta que querés alcanzar.
“Fijate bien…”
