¿Te pasó alguna vez no encontrar el cargador para tu celular? A mí me pasó. Hoy no es muy frecuente —sólo pasa con iPhone y Android—, pero años atrás cada marca tenía su tipo específico de ficha de carga.
¿Te pasó alguna vez no encontrar el adaptador para el enchufe que tenías que usar? Es más… ¿viajaste al exterior y te encontraste con que los tomacorrientes eran diferentes? A mí me pasó, hasta que conseguí un adaptador universal que acepta todos los tipos de fichas: las americanas, las latinas, las europeas…
¿Te pasó no conseguir el flotante o la boya para tu inodoro porque cada marca usa un sistema distinto? Me pasó.
O la más típica: ¿destornillador Phillips o estándar?
En Argentina existe el “Instituto Argentino de Normalización de Materiales”, que dicta unos reglamentos (normas) que homologan el funcionamiento y sistema de diversos tipos de aparatos. Se las conoce como “Normas IRAM” (IRAM por la sigla del instituto), y regulan ese tipo de cosas. La clave está en la “homologación”.
Homologar es algo parecido a “unificar”, capaz “uniformar”; es hacer que todo se comporte de una manera para que, justamente, no te vuelvas loco buscando el flotante para tu mochila. Es unificar un criterio, o dicho en otras palabras, que “hablen una misma cosa”.
Casualmente (nada de casual), ese es el significado de la palabra “homologar”. Es una palabra griega que quiere decir: “hablar lo mismo”. ¡Ah! ¿No sabías? Es una palabra muy habitual en la Biblia, más que nada en el Nuevo Testamento. Es más… te diría que es ¡vital! en la teología de la salvación y el evangelio.
¿En qué situaciones la Biblia me anima a homologar criterios, funcionamientos y sistemas?
Cuando habla de cómo ve Dios las cosas y cómo las veo yo.
Cuando me dice cómo es el camino del cristiano en comparación con cómo yo quiero que sea.
Cuando dice, con otras palabras, que debo “estar de acuerdo” con lo que Dios dice, “estar de acuerdo” con lo que Dios piensa, y en ese acuerdo, “hablar lo mismo” que habla Dios sobre ese tema.
Es como decir:
Si Dios dice blanco, es blanco.
Si Dios dice negro, es negro.
Si Dios dice que es bueno, es bueno.
Si Dios dice que es malo, es malo.
Pero no solo en esos temas, sino también en lo relativo a sus promesas y a mi relación con Él:
Si Dios dice que lo va a hacer, lo va a hacer.
Si Dios dice que debo esperar… ¡debo esperar!
Si Dios dice que conviene, a meter las fichas ahí.
Si Dios dice que ese chico o esa chica no es para vos… a salir corriendo de ahí.
Pensar lo mismo, estar de acuerdo, hablar lo mismo.
La Biblia lo dice con otra palabra. En griego —ya te dije— es “homologar” (“homologeo”, en realidad), que en castellano se traduce: “confesar”.
Sí. Confesar. En estos tiempos nos gusta usar algunos verbos en relación a las cosas de Dios: declarar y decretar; pero más productivo es el confesar.
Jesús dijo: “…a todo aquel que me confiese delante de los hombres, también el Hijo del Hombre lo confesará delante de los ángeles de Dios” (Lucas 12:8). Que en argentino básico sería algo como: “A todo aquel que, delante de la gente, esté de acuerdo con las cosas que yo digo y hable de mí como lo que soy, yo voy a estar de acuerdo con esa persona cuando esté sentado junto al trono de Dios”.
Lo que entonces haría realidad el precepto de: “…todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo…” (Mateo 16:19).
Sí, ya sé, eso se lo dijo a Pedro al entregarle las llaves del Reino, algo que pasaría al establecer la iglesia, y solamente porque Pedro confesó (uy…) que Jesús “…es el Cristo, el Hijo del Dios viviente…” (Mateo 16:16).
La confesión de quién es Jesús, estar de acuerdo con quién Él es, trae bendición, afirmación y cumplimiento de promesas.
La confesión de quién es Jesús, estar de acuerdo con quién Él es, hace que tengas autoridad para pedir, buscar, llamar y alcanzar.
La confesión de quién es Jesús, estar de acuerdo con quién Él es, pone tu causa delante de Dios en presencia de sus ángeles.
¿Qué pensás acerca de Jesús?
¿Estás de acuerdo con que Él es Dios?
¿Estás de acuerdo con sus mandatos y principios?
¿Estás de acuerdo con que lo que Él dijo, lo que te prometió, lo que estás esperando y que Él te dijo que sí… todo eso se va a cumplir?
Si sos capaz de hacer pública esa postura, si no te importa pasar por loco pero sos capaz de decirle a la gente que vos sabés que Dios va a hacer lo que Él dijo que iba a hacer, ya tenés el 99% del cumplimiento de lo que estás esperando. El 1% restante es esperar los tiempos de Dios.
¡Ah! Cuidado… porque también dijo: “…al que me niegue delante de los hombres, se le negará delante de los ángeles de Dios.” (Lucas 12:9)
