Algunos dicen que sí, otros discuten que no. Algunos dicen que es un invento, otros que es manipulación. Algunos dicen que viene pasando desde siempre, otros, que solo es un debate ideológico. La cuestión es que, como dice el dicho, “a las pruebas me remito” (que vendría a ser la adaptación popular y secular de “por sus frutos los conocerás”…).
El punto es este: el clima cambió. No sé si la discusión del cambio climático es un negocio de Greenpeace o de Greta Thunberg; no sé si solo es una bandera del ambientalismo y de la izquierda, pero lo que sí sé es que cuando iba a la escuela primaria tenía que abrigarme como un astronauta, que las calles estaban escarchadas y los vientos fríos te lastimaban las orejas. No, no me crié en la Patagonia, apenas en Gerli, partido de Lanús.
Antes, la primavera empezaba el 21 de septiembre; hoy, a fines de agosto, empiezan a aparecer los brotes. Antes, el frío empezaba a mediados de marzo; este año recién apareció en abril. Antes no veías mariposas en invierno, y realmente mirar el cielo te daba una pauta meteorológica. Hoy… ni Weather Channel ni tu app de clima aciertan más del 50 %.
Lo que no cambió… ¡el 25 de mayo seguro llueve!
Hoy reconocemos las estaciones ya no por la fecha, sino por los síntomas (por los frutos). Empiezan a aparecer los brotes en los árboles o algún que otro pimpollo, y ya sabés que, al menos, se acerca la primavera. Pero la biología ya la determinó antes de tiempo. La temperatura, la humedad, la presión atmosférica le dicen al ADN vegetal que ya es tiempo de activar, aunque recién sea 31 de agosto. Aprendemos a reconocer los tiempos biológicos por la experiencia, los cambios alrededor… ¡y también por las alergias y los dolores de rodillas!
Por eso Jesús le dice a su variada audiencia (los que lo seguían y los que lo odiaban, los que aprendían de él y los que lo criticaban): ¿¡cómo puede ser que sean tan hábiles para reconocer las estaciones y los cambios biológicos y no sean capaces de reconocer las cosas espirituales que están pasando!? ¿Cómo puede ser que sean expertos en los brotes, los vientos, la luna, el sol y las estrellas, y no reconozcan que Dios se está moviendo?
“¡Hipócritas! Si saben discernir el aspecto del cielo y de la tierra, ¿cómo es que no saben discernir el tiempo en que viven?” (Lucas 12:56)
Qué loco, ¿no? ¿Cómo puede ser que analicemos la política local e internacional y no reconozcamos el trasfondo espiritual? ¿Cómo puede ser que hablemos de Agenda 2030, identidad de género, marxismo cultural, y no veamos la mano que mueve esos hilos? ¿Cómo puede ser que veamos el aumento de la maldad, la frialdad del corazón del hombre, la pobreza espiritual, y no reconozcamos que son tiempos proféticos? ¿Cómo puede ser que no nos demos cuenta de que ¡este es el tiempo de la iglesia!?
1 Crónicas 12 nos muestra un registro histórico de los ejércitos de David. Digo “los” y no “el” ejército porque se fueron agregando por partes a medida que él consolidaba el reino, y en 12:32 menciona a “…doscientos jefes de Isacar y todos sus parientes… Eran hombres expertos en el conocimiento de los tiempos y sabían lo que Israel tenía que hacer.” Reconocer los tiempos espirituales y proféticos es la clave para saber cómo tenés que actuar y qué tenés que hacer en cada circunstancia.
Nos quejamos, nos molestamos, nos ofendemos, nos apartamos… ¿estamos actuando con entendimiento? ¿Estamos tomando el lugar que nos corresponde? ¿Estamos ejerciendo el rol que, como iglesia, Dios nos dio?
Tenemos que aprender a mirar un poco más allá. El síndrome del ombligo (mirar solo mis problemas) no es la clave para solucionar mi vida, sino solamente un acelerador del caos general.
La iglesia es la clave y la salida para los tiempos difíciles. No un político ni un debate ideológico, no es la militancia ni las guerras de Medio Oriente (esas son otra señal). No es la IA ni el home office, no es la robótica ni la impresión 3D de órganos para trasplantar. La única salida está en la iglesia.
¿Estás viendo las señales a tu alrededor?
¿Estás reconociendo los tiempos?
¿O solo estás sacando pelusa de tu ombligo?
Seamos entendidos en los tiempos. Sepamos qué hacer, cómo hacer y a dónde ir.
