La Salvación sirve a la ley, pero la ley no puede salvar. Es un ¿extraño? pensamiento que vino a mi mente al empezar a leer Josué. Sí, en el avance del plan de lectura hoy terminamos (para algunos ¡al fin!) con Deuteronomio y comenzamos con Josué. En términos espirituales, sería como decir que “terminamos con la ley y comenzamos con la liberación”, ya que es lo que representa cada uno de estos libros dentro del esquema teológico, profético o bíblico.
CON LEY… SIN LEY
Venimos hablando de Maldiciones Generacionales, y anoche, en la 5ta entrega de la serie, volví a mencionar este punto: el pacto de la cruz cancela la maldición de la ley e invalida su efecto sobre nosotros, los que participamos de ese pacto. Un pacto que nació en el corazón de Dios en Génesis 3, dio inicio en la Última Cena y se activó en la cruz, por medio de la cual la ley quedó anulada. ¿Anulada?
No, no realmente. Jesús dijo: “¡Consumado es!” (Juan 19:30), que significa que algo terminó, pero no que se anuló. Cuando un estudiante universitario llega a la graduación, su estudio terminó, pero no se anuló; si se anulara, no servirían de nada los años cursados. Pero ya no vuelve a estudiar: los estudios fueron “cumplidos”.
Eso es lo que hizo Jesús: cumplió con los requisitos de la ley y, al ser el hombre perfecto según esos requerimientos, era también el único que reunía las condiciones para ser el sacrificio en pago por el pecado. Por lo tanto, el inocente fue muerto para pagar por el culpable.
Resumidísima explicación del pacto de salvación. Jesús fue funcional a esa ley para dar la medida justa del pago que se necesitaba.
“A MOISÉS MUERTO, JOSUÉ PUESTO…”
Al mismo tiempo, era necesario que la ley salga del camino, para que pueda avanzar la salvación. Si hoy tuviéramos que seguir cumpliendo los requisitos de Deuteronomio, ni vos ni yo (y mucho menos yo) estaríamos donde estamos siquiera, sino que hace rato habríamos sido consumidos (y no por el amor precisamente).
Por eso Dios habló a Josué recién cuando Moisés murió. Sí, de locos: “Josué” significa salvación, y Moisés representa la ley. Mientras Josué servía a Moisés, la ley seguía en vigencia; cuando Moisés murió, comenzó la etapa de la salvación:
“Después de la muerte de Moisés, el siervo del Señor, habló el Señor con Josué hijo de Nun, que era siervo de Moisés, y le dijo: —Moisés, que fue mi siervo, ha muerto. De ahora en adelante tú estarás al frente del pueblo. Crucen ahora juntos el Jordán, este pueblo y tú, y vayan a la tierra que voy a darles a los hijos de Israel.”
(Josué 1:1-2)
TRANSFORMACIÓN
No, no. No me agarró un ataque teológico. Solo que una vez más Dios me habló de la transformación. No podemos dar el siguiente paso mientras permanecemos aferrados a las cosas viejas. Cosas que seguramente fueron buenas. Estructuras que, en un momento, fueron de contención, de sustento. Límites, formas de pensar y vivir el evangelio que sirvieron en un determinado momento y contexto, pero que hoy son solo un tropiezo para la bendición, la plenitud, y encima… la salvación.
¡AY…!
¿Por qué es pecado tatuarse o hacerse un piercing?
¿Por qué está mal escuchar música secular?
¿Por qué hay que usar determinada ropa o estilo de ropa para “encajar” en la iglesia?
¿Por qué no se puede comer morcilla?
¿Por qué está mal tomar vino?
¿Por qué la cerveza es pecado?
¿Qué tiene de malo usar tablet o celular para predicar?
¿Qué tienen de malo las luces de colores, las pantallas y los efectos de iluminación?
¿Qué tiene de malo usar QR para las distintas actividades de la iglesia?
¿Por qué la NVI es satánica?
¿Quién te dijo que la única versión “santa” es la Reina Valera?
MENTE NUEVA, VINO NUEVO, RECIPIENTE NUEVO
Para avanzar al siguiente nivel, tenés que romper con las cosas del pasado. Para cambiar de posición, tenés que abandonar las viejas costumbres. A veces mantenemos tradiciones solo por pensar que, si son viejas, son buenas; o porque “es el legado que nos dejaron”, cuando el legado que te dejaron es el de crecer, “hasta que el día es perfecto” (Proverbios 4:18).
Si Moisés tuvo que desaparecer del juego, si Josué tuvo que aceptar la nueva posición y una nueva visión, si el pueblo aceptó a Josué para tomar la tierra prometida…
¿Qué te impide “despojarte de tu vieja naturaleza,… renovarte en el espíritu de tu mente, y revestirte de la naturaleza nueva” (Efesios 4:22-23)?
¿Qué te impide “transformarte por medio de la renovación de tu mente…”? (Romanos 12:2)
“Las cosas viejas pasaron”, dice también Pablo (2 Corintios 5:17), y las estructuras del ayer no sostienen la construcción del hoy. Soltate de todo lo que te impida avanzar a un nivel de plenitud. No intentes meter “el vino nuevo en odres viejos”, porque, acordate: “¡el odre revienta!” (Mateo 9:17).
El vino nuevo solo puede ser recibido en un envase nuevo.
