La percepción que uno tiene de sí mismo suele ser distinta a la que los demás tienen de uno. No, no estoy hablando de autopercepción e identidad de género, sino de lo que pensamos o creemos de nosotros. Algo más: la imagen que creemos que mostramos no siempre coincide con la imagen que realmente mostramos, sino que son los demás, los terceros, los que van a definir cómo nos mostramos, según lo que ven de nosotros.
Me parece que me enredé en un lío de palabras. Básicamente, la cosa es esta: la opinión sobre nosotros mismos está afectada por nuestra propia experiencia personal y la alta o baja estima que tengamos, cuando lo real es lo que los demás ven.
Eso es muy útil en el caso de la influencia y el liderazgo. Tal vez te creas un súper influencer, pero nadie te está siguiendo, así que, por muy buen contenido que creas que estás haciendo, no estás influyendo en nadie. O al contrario, tal vez, mirando tus propias miserias, no te creas con la capacidad de dirigir, guiar, liderar, cuando los demás están esperando una voz de mando de tu parte para saber qué hacer con sus propias vidas.
¿Vamos otra vez?
“La percepción que uno tiene de sí mismo suele ser distinta a la que los demás tienen de uno.”
Por eso es muy productivo escuchar al entorno. No para seguirlo, no para condicionarnos, sino para saber lo que se dice de nosotros. Como Gedeón: era tanta su baja estima que Dios lo tuvo que mandar al campamento enemigo para que escuche lo que los madianitas decían de él (Jueces 7:9-11). Ese cambio de visión sobre sí mismo le permitió a su mente creer lo que Dios le estaba diciendo que iba a hacer con él.
Sí. Así somos…
Mucho tiempo antes que eso:
“…el Señor le dijo a Josué: Date cuenta de que yo te he entregado a Jericó y a su rey, con todos sus guerreros.” (Josué 6:2)
Josué era un poquito Gedeón. Nada que ver su personalidad: Gedeón fue criado bajo opresión y Josué viendo trabajar a un líder libertador, pero ambos estaban en una posición de inferioridad. ¿Te preguntaste alguna vez a qué se dedicaba Josué antes de la muerte de Moisés? La Biblia dice que, mientras Moisés era “siervo de Jehová”, Josué era “servidor de Moisés”. ¿Entendés? Durante toda su vida fue sirviente de Moisés.
Un oprimido y un sirviente, ambos llamados por Dios para liderar y liberar.
No los juzgo, era difícil de creer. Y no por falta de fe, sino por exceso de vivencias personales negativas.
Como a Tomás, ¿te acordás? El discípulo de Jesús que lo hicieron famoso por “incrédulo”. ¿Sabías que tenía un hermano gemelo? ¿No? Bueno, Juan 20:24 dice que “lo llamaban gemelo”, así que supongo que, si “lo llamaban gemelo”, tendría un hermano gemelo. Bueno, a este gemelo le vienen a decir que vieron a Jesús vivo, cuando él lo vio morir. ¿Lo vas a juzgar por pensar que se trataba de otra persona? ¿Cuántas veces lo habrán confundido con su hermano y viceversa?
Volviendo a Josué, Dios le tuvo que decir: “…Date cuenta…” de que ya le había entregado la victoria sobre sus enemigos, aunque él viera otra cosa.
Cuando Dios te habla, no lo hace desde tu presente, lo hace desde su eternidad. Y aunque vos te seguís viendo pobre, tosco, sirviente u oprimido, Dios ya te está mirando como líder y libertador.
La percepción que uno tiene de sí mismo suele ser distinta a la que los demás tienen de uno, y aunque a veces no tenés que hacer caso a lo que dicen de vos, sí tenés que prestar atención y “darte cuenta” de que Dios ya puso todo en tus manos.
¿Cuántas veces actuaste como Gedeón, cuestionando lo que Dios decía de vos?
¿Cuántas veces actuaste como Moisés, diciéndole a Dios que estaba equivocado?
¿Cuántas veces actuaste como Josué, al no ver la salida delante de tus ojos?
“Date cuenta”, la vida cristiana no es una vida de certezas, es una vida de fe; y la fe no se basa en señales o en visiones, la fe se basa en palabras.
En palabras recibidas, en palabras creídas, en palabras declaradas y en palabras ejecutadas.
Dejá de enfocarte en tus debilidades, dejá de prestar atención a tus miserias, dejá de limitarte con tus imposibles.
Hacé como Jesús, que les preguntó a su grupo cercano:
“¿Quién dice la gente que soy yo? ¿Y ustedes, ¿quién dicen que soy?” (Lucas 9:18, 20)
