“No les des pescado, enseñales a pescar.” Dicen que es un proverbio oriental, así que puede ser chino o japonés, pero también turco o israelí. El punto no es ese, sino que es una realidad: “no les des pescado, enseñales a pescar.”
Tal vez suene un poco chocante o confrontativo en nuestra sociedad actual. El plan espiritual para el control del hombre incluye generar dependencia: una sociedad dependiente del sostenimiento estatal que, por lo tanto, atrofia su capacidad de generar bienes y riquezas, y al mismo tiempo sigue sosteniendo ese sistema, en un constante bucle que se alimenta a sí mismo.
Es confrontativo, insisto, porque nos han convencido de que tenemos derechos adquiridos inamovibles y que todo nos debe “ser dado”.
Sí. Es cierto. Hay derechos adquiridos. Pero entre ellos no está el de que otra persona, entidad o Estado te mantenga/sostenga.
Entonces, ¿qué hacemos cuando alguien está pasando una situación difícil? ¿Le decimos que aprenda a pescar? No. Lo asistimos. Y le enseñamos a pescar.
Dios nos dio la capacidad para generar riquezas. Nos dio el poder para hacerlas y trabajarlas. Y también nos dio el “llamar a las cosas que no son, como si fueran” (Romanos 4:17).
Sí. El bendecir nos da la capacidad, unción y poder para crear, por medio de la fe, las cosas que aún no existen.
Sí. Es parte de nuestra “programación” con la que fuimos creados, porque Dios dijo: “den fruto, multiplíquense, dominen, gobiernen” (Génesis 1:28, versión libre), y Pablo la remata con el “creí, por lo cual hablé” (2 Corintios 4:13), y Proverbios 18:21: “La muerte y la vida están en poder de la lengua.”
Tengo la capacidad para hacer que las cosas pasen.
Dice Proverbios 13:23: “En el barbecho de los pobres hay mucho pan;
Mas se pierde por falta de juicio.”
El barbecho es la “resaca” de la cosecha. Es la tierra revuelta con restos de paja, cáscaras y semilla. Es lo que no sirve y se deja para relleno y base. Sin embargo, Salomón dice que ahí todavía hay un resto utilizable, provechoso, del que se puede sacar harina, con la que todavía se puede hacer pan.
Ah, pero… la falta de juicio (entendimiento, enfoque, visión) hace que se pierda.
Ayer te decía que te des cuenta de todo lo que Dios ya puso en tus manos. Hoy te pregunto:
¿Qué estás haciendo con los recursos a tu disposición?
Estamos viviendo una recesión económica y todos somos afectados… ¿A quién estás esperando que venga a darte?
¿Te sentís cómodo viviendo de un subsidio?
“Mucho pan se pierde por falta de juicio.” Pedile a Dios sabiduría (la da en abundancia y sin reproche), pedile visión, estrategia y dirección; meté mano en lo que ponga en tus manos.
No te encierres en tu desesperación. No te detengas ante los imposibles. No te limites por tus limitaciones…
“Dios te da el poder… para hacer riquezas” (Deuteronomio 8:18).
No esperes el milagro: sé parte de él.
