Actividad Paranormal

El evangelio es una experiencia sobrenatural. No solamente una experiencia sobrenatural, sino “una experiencia sobrenatural transformadora, que nos coloca en una nueva posición espiritual” (wow…).

No sé cuál sea tu caso, pero yo siempre sentí atracción por lo sobrenatural. Desde chico anhelaba tener algún “encuentro cercano del tercer tipo”, que un marciano se aparezca en mi ventana o que un fantasma me hable. Investigué, leí acerca de los OVNIs y el Triángulo de las Bermudas (todos libros que estaban en mi biblioteca); jugué a la Ouija, pero en serio, buscando tener un contacto del más allá.

Aun sabiendo que la magia no existe, siempre creí que la brujería sí. Jugaba con la idea de que Merlín hubiera sido realmente el asistente de algún rey medieval y casi que me creo también lo de la espada Excalibur.

Soy amante del sci-fi (ciencia ficción), cine o series, me da igual. No, mejor series, porque tienen mayor duración. A mis casi 60 me sigue atrapando Marvel con su saga clásica (los modernos dejan bastante que desear). También el terror, porque tiene una cuota de sobrenatural. Desde “Martes 13”, con ese loco que nunca muere, hasta “Destino Final 5”, que te deja la sensación de que el universo está guionado y que no podés escapar de esos designios. ¡Ni que hablar de los viajes en el tiempo! “Volver al Futuro” es mi peli favorita por millares, e “Interestelar” es apasionante… No, la serie “Dark” es un bodrio…

Todo eso, hasta que conocí el evangelio (bueno, la ciencia ficción me sigue atrapando). ¿Para qué querés marcianos, fantasmas, espíritus, superhéroes, magos, brujos, gnomos o hadas si tenés contacto con el mismo Creador de todo lo conocido y por conocer?

Hablar con Dios cada día es mucho más que un encuentro con “el más allá”. Escuchar su voz o sentir su presencia es muchísimo más que una conexión radial proveniente de un agujero negro; saber que ese Dios es el mismo desde hace millones de años, pero que hoy tenés un contacto con Él, es por lejos más impactante que viajar al planeta Miller o mirar con un telescopio espacial el momento del Big Bang.

El evangelio es una experiencia sobrenatural.

Cuando hablás con Dios, el universo se activa. Hay cosas que empiezan a moverse o detenerse solo porque estás hablando con Dios. Hay cosas que empiezan a pasar simplemente porque Él está atento a tu oración y adoración. Hay hilos que se empiezan a entretejer, unir o aun desatar, que hacen que, como un movimiento de relojería, tres o cuatro cosas se conecten para que lo que esperás pase… y al mismo tiempo otro sea afectado, o al revés: que para otro todo siga igual.
Si el efecto mariposa desata una secuencia de eventos que no podemos controlar, ¿qué pasa cuando Dios mueve las piezas para responder una petición que le hiciste vos?

Mateo 7 lo dejó bien claro: “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá.” (Mateo 7:8). Dios actúa cuando vos clamás. Algo pasa cuando te presentás ante Él. Nada sigue igual cuando empezás a tener una relación con Dios.

Josué estaba en medio de una batalla. Cinco reyes se levantaron en guerra. Israel iba ganando, pero la cosa era pesada. ¡Si tan solo el día durara algunas horas más para seguir peleando a plena luz!
¿Te imaginás? Viste que a veces se nos ocurre esa pavada y decimos cosas así: “¡Ah, no me alcanza el día! ¡Necesito un día de 25 horas!” Bueno, parece que Dios escuchó (tené cuidado cuando decís cosas al aire, Dios siempre escucha), y ese día hubo 12 horas más de sol:

“Y el sol y la luna se detuvieron. Y el pueblo se vengó de sus enemigos. ¿Acaso esto no está escrito en el libro de Jaser? El sol se detuvo en medio del cielo, y durante casi un día entero no se apresuró a ocultarse.” (Josué 10:13)

El evangelio es una experiencia sobrenatural.

Obviamente, no pretendo que el día se detenga ni que Dios haga volver el tiempo atrás. No se trata de buscar soluciones fáciles o que Dios cumpla caprichos fantasiosos, pero sí entender que Dios hace maravillas. Dios obra a favor de su pueblo. Dios tiene la capacidad para cambiar nuestra realidad.

A veces creemos que Dios es solo Dios de lo posible. Le pedimos solamente aquellas cosas que creemos que puede hacer, olvidándonos de que en realidad:
“para Dios todo es posible” (Mateo 19:26).

Por otro lado, hay ocasiones en que actuamos al revés, y solo llevamos a Dios esas cosas que ya vemos imposibles. Bien. ¡Pero también es Dios de lo posible! Si para Dios “todo es posible”, todo incluye lo imposible… y lo posible.

El evangelio es una experiencia sobrenatural, y tenemos que acostumbrarnos a vivir en lo sobrenatural.

¿Qué cosas se te fueron de las manos?
¿Con qué imposibles estás luchando?
¿Qué situaciones pensás que ya no tienen solución?
¿Qué cosas creés que Dios puede hacer y cuáles no?
Y las que creés que puede hacer… ¿creés que las puede hacer?
¿Dónde empieza y termina tu esperanza? ¿Dónde se convierte en fe?

No dejes de creer en el Dios de lo imposible.
No descartes una manifestación sobrenatural.
No creas que el Dios de Josué está muerto.
No creas que al que oramos hoy nació en la cruz.

El evangelio es una experiencia sobrenatural
y Dios “es el mismo ayer, hoy y por siempre.”

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