¿Vos tenés idea de la fortaleza de carácter que hay que tener para no reaccionar ante situaciones que te afectan?
Equivocadamente le decimos a eso “fuerza de voluntad”. También le decimos así a cualquier cosa que implique actuar con disciplina. Decimos que tenemos la “fuerza de voluntad” para no ceder a una tentación, para empezar una dieta, para mantener un entrenamiento, para levantarnos ante una crisis. Bueno, no, no es fuerza de voluntad. En algunos casos se trata de disciplina: entender que tenés que hacer lo que tengas que hacer aunque no tengas ganas; en otros casos se trata de carácter: una firme determinación para mantener tus principios y valores, y no ser movido por nada.
Jesús era un hombre de carácter. Moisés no fue un hombre de carácter. Josué fue un hombre de carácter. Gedeón no fue un hombre de carácter. ¿Por qué te nombro ambas caras de la moneda? Porque Dios no depende de mi carácter, fortaleza o disciplina para usarme. Dios solo requiere mi posición y disposición. (Atención: Dios no te usa por tu genialidad, Dios te usa porque te preparó para eso. ¡Sos tan inútil que sos útil!)
Vuelvo a Jesús: él era un hombre de carácter. Uno de mis miles de versículos favoritos dice que él “afirmó su rostro para ir a Jerusalén” (Lucas 9:51). Cada vez que leo, menciono o escribo esto, veo en mi mente a un hombre de rostro serio y determinado, mirando de lejos su destino, tomando aire y, al soltarlo, empezando a caminar (bajando de un monte) hacia su meta. Una meta que no era “moco de pavo”: iba a la tortura y a la cruz.
Jesús era un hombre de carácter. No bajó la mirada ante los acusadores ni los insultos. No se escondió de los soldados. Anduvo entre los opositores como quien va al mercado. No cambió sus principios, ni sus valores, ni su foco, ni su plan; desde los 13 años entendió que “en los negocios de mi Padre me es necesario estar” (Lucas 2:49). Pero, siendo un hombre de carácter… “no gritó ni alzó su voz” (en cumplimiento de Isaías 42:2), sino que en todo tiempo mantuvo su temple, su carisma, su buen humor y su rostro amable, porque si no hubiera sido así, no creo que los chicos quisieran acercarse a él (Mateo 19:14).
Es que “carácter” no es gritar. Carácter es firmeza. Carácter es determinación. Carácter es pararte decidido. Carácter es no ser arrastrado por los vientos de la moda, o la ideología, o la conveniencia, o la política. Carácter es quedarte en el molde y cerrar el pico cuando te están pegando 39 latigazos.
Las personas de carácter (de este carácter) son las que alcanzan sus metas. Son aquellas que, como un león, no sacan la mirada de su presa aunque le pasen mil otras opciones ante sus ojos. Son las que Dios dice que él “guardará en completa paz…” (Isaías 26:3), por mantenerse confiando aunque todo parezca hundirse. Son las que no miran las circunstancias, sino que mantienen los ojos puestos en Jesús, en la promesa, en el premio y la meta.
Dijo Salomón: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.” (Proverbios 16:32)
¿Sabés quién fue un hombre de carácter? Mohandas Karamchand Gandhi (Mahatma Gandhi), que sin levantar su voz, sin empuñar lanza o pistola, sin arrojar siquiera una piedra, consiguió liberar a su país del colonialismo, logrando la independencia de la India. ¿Sabés qué pensaba Gandhi de Jesús? Que si los cristianos fuéramos como Jesús (un hombre de carácter), él se haría cristiano.
¿Cómo reaccionás ante las injusticias?
¿Cómo actuás ante las falsas acusaciones?
¿Y ante los ataques?
¿Qué dice la gente de vos? (Recordá que a Jesús le importaba lo que la gente decía de él). ¿Que sos una persona de carácter o que tenés “mal carácter”?
Entre las muchas cosas que Dios me enseñó —y no sentado en un aula, sino caminando en la aflicción— fue que: No te defiendas, Dios pelea por vos; no te defiendas, actuá correctamente; no te defiendas, serví a Dios, y que el fruto de tus obras hable por vos.
¿Sos de los que dominan su espíritu?
¿O de los que conquistan una ciudad?
