La fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.
Eso ya lo sabemos, lo hablamos un montón de veces. Los últimos días estuvimos hablando de ese tema. También dijimos, basados en ese mismo concepto, que la vida cristiana se vive por fe y, precisamente, no por vista. Entonces me pregunto: ¿por qué, a pesar de entenderlo, seguimos necesitando ver?
Buscamos tener cierta seguridad, es normal, fuimos criados así, fuimos formados de esa manera y sería anormal que no lo hiciéramos. Me refiero a poder tener un futuro más o menos estable, tener un buen trabajo, llegar a la tercera edad teniendo “un buen pasar”, que no nos falte para el día a día, que podamos irnos de vacaciones y, tal vez, de tanto en tanto, darnos “algún gustito” que no necesariamente tenga que ser “un lujito”.
No pensar así, repito, sería encajar en Proverbios 24: una casa descuidada, viviendo de changas, conformarme con que alcance para la gaseosa del día (una total pérdida de plata y salud), y que no falte el asadito del domingo.
Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. ¡Tremenda revelación! Una cosa es ser responsable para progresar y crecer, y otra cosa es no vivir por fe. ¿Se pueden unir las dos? Se puede.
Se puede esforzarse por progresar sin dejar de creer en el poder de Dios. Jesús les preguntó a los discípulos (en realidad, les estaba haciendo una trampa): “Cuando los envié sin bolsa, sin alforja y sin calzado, ¿les faltó algo?” Ellos respondieron: “Nada”. (Lucas 22:35)
Y digo que era una trampa porque ahora los iba a enviar a enfrentar una serie de problemas. Ahora los iba a mandar que lleven bolsa (con dinero), ropa de repuesto y, además, ¡armas!
El mensaje subliminal era: si cuando no tuvieron no necesitaron, ahora van a necesitar, así que lleven; si cuando no les iba a pasar nada fueron al descubierto, ahora cúbranse, porque “algo” les va a pasar.
Te recuerdo que es el mismo Jesús que dijo: “En el mundo tendrán aflicción, pero confíen, yo vencí”. (Juan 16:33)
Es el mismo principio. Dios se mueve por principios. Humanamente me daría de retrucar: “Sí, vos venciste, pero ahora soy yo el que tiene que enfrentar el problema.” Y ahí estamos otra vez. Pablo dijo: “Aunque antes pensábamos de Cristo según tales criterios (de este mundo), ahora ya no pensamos así de él.” (2 Corintios 5:16)
La vida cristiana no se vive por vista, se vive por fe. Y aunque sea yo quien tiene que enfrentar el problema, Él está conmigo, Él me llama, Él me sostiene y Él me capacita. (¿No dicen que “el que invita, paga”?)
Reconocer a Dios en nuestros caminos es saber que Él está ahí (Proverbios 3:6). No implica verlo. Solo saber. (No es por vista, es por fe).
Si fuiste capaz de creer en lo que Dios ya hizo en tu vida, ¿por qué vas a empezar a dudar por lo que no ves?
Por eso es bueno recordar la obra de Cristo en nosotros: nos trasladó de muerte a vida, del reino de las tinieblas al reino de la luz, nos dio identidad y transformó nuestra manera de ver las cosas y de vivir. Entonces, ¿por qué no lo haría otra vez?
Hace unos días atrás escuché una frase que me explotó en la cabeza: “No creer en Dios es tan loco como creer”.
Si tuvieras que hacer una lista de las cosas que Dios ya hizo y las que todavía faltan, te sorprenderías de los resultados.
¿Te falló Dios? ¿Dejó de cumplir una promesa? En la que se tardó, ¿no estuvo a tu lado?
En la que todavía no llega, ¿no te da guía, consuelo y dirección?
¿Dejaste de sentir su presencia? ¿Dejó Dios de hablarte?
¿Acaso dejó Dios de obrar a tu alrededor, ahí sí, a la vista de tus ojos?
La fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.
Pero también, la fe es:
“Saber que Dios va a hacer lo que Dios dijo que iba a hacer”.
Después de todo lo que Dios ya hizo… tal vez lo verdaderamente loco no sea creer, sino dejar de creer.
No creer… es tan loco como creer.
