Semillas

Todas nuestras acciones tienen sus consecuencias. Todo lo que hagamos genera un efecto, bueno o malo, no lo sé; será según lo que hagamos. Es obvio que estoy hablando de siembra y cosecha, pero no se trata de hablar de siembra y cosecha. Es un principio de la vida, algo natural. Todo lo que hacemos provoca un resultado.

Miremos desde la física. Como seres materiales (no materialistas), dejamos una marca a cada paso que damos, en el lugar por el que pasamos; nuestro peso físico deja una huella física en el pavimento, y más aún si es de tierra o arena. Si estuvimos cocinando, si pasamos por un lugar con humo, o si nos pusimos un buen perfume, al caminar dejamos una huella aromática. Nuestra presencia —física, emocional y espiritual— influye en el lugar donde estamos. Bien o mal, depende de nosotros. Aunque no lo queramos, siempre dejamos una marca, siempre ejercemos algún tipo de influencia.

A veces esperamos que la gente actúe de determinada manera, ignorando que tenemos las herramientas para “hacer” que actúen de esa manera. Jesús ya lo dijo en la conocida “regla de oro”: “Todo lo que quieran que la gente haga con ustedes, eso mismo hagan ustedes con ellos…” (Mateo 7:12). Otra vez siembra y cosecha, otra vez dar para recibir.

¿Será por eso que Pablo aconseja no responder mal con mal, sino que “venzamos con el bien el mal”? (Romanos 12:21). ¿Será por eso que, a veces, no encontramos solución a algunos conflictos personales, como relaciones laborales, compañeros o incluso familia? ¿Será porque “solo cosechamos lo que sembramos”?

Dice Proverbios 26:27: “El que cava foso caerá en él; y al que revuelve la piedra, sobre él le volverá.”

Todo lo que hagamos tiene su consecuencia.

¿Qué estás cosechando de tus relaciones?
¿Cómo te estás llevando con la gente?
¿Sos de los que esperan que te saluden o de los que van a saludar?

¿Cómo reaccionás ante los maltratos?
¿Cómo respondés a los insultos o al abuso verbal?
¿Sos de los que suben la tensión o de los que actúan con razón?

¿Qué es lo que esperás recibir de los demás?
¿Qué trato esperás que la gente te dé?
¿Cuál es el trato que vos das?

Todo lo que quieras que la gente haga con vos, hacelo vos primero, porque todo lo que hagas tiene su consecuencia. Si pasás el día sembrando semillas de limón, no pretendas cosechar peras sabrosas y, ¡por sobre todo!, no te sorprendas cuando te encuentres cosechando limones.

En el Reino de los Cielos todo gira alrededor de la siembra y la cosecha.

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