¿En qué situaciones un pájaro abandona su nido? Hasta donde yo sé, solamente cuando fue violentado, cuando otro pájaro o un depredador logró meterse, cuando quedó arruinado o cuando el hombre metió la mano. Es increíble: estos días hablaba de la marca que dejamos donde sea que estemos. Aunque sea por un perfume, nuestro olor, donde no debería estar, puede hacer que un pájaro abandone su nido.
Como sea, sacando estos casos, un pájaro no se va de su lugar. Es impensado, va en contra de su naturaleza, algo que viene con su ADN: el construir un nido según el diseño de su especie. No va a ser abandonado porque sí.
Se me ocurre entonces que, si veo un nido vacío, me lleva a pensar que pasó alguna de las situaciones que enumeré antes. No se me ocurriría pensar que el pájaro quería un futuro mejor, o que salió a buscar nuevos horizontes. Tampoco que quería recuperar su tiempo perdido, o que se dio cuenta de que “la pájara” no era para él, ni que quería probar nuevas experiencias. No. El pájaro no abandona su nido.
Así, en ese mismo sentido, Salomón menciona al que deja su lugar, el que abandona su posición, el que se corre de su llamado o su propósito. ¿Podés creer que hay personas que olvidan lo que tienen que hacer, lo que les da sentido a su vida? Porque en definitiva, para eso fueron creados y capacitados: para dedicarse a eso.
Entiendo cuando las papas queman y el ingeniero tiene que hacer Uber. Pero que el arquitecto deje los edificios para dedicarse a la contemplación de la naturaleza y encontrar el sentido de la vida… perdoname, no lo comprendo.
Tu lugar no es un lugar físico. O no solo un lugar físico. Tu lugar es una función, una responsabilidad: es ser padre o esposo (o madre o esposa), es dirigir una empresa, un negocio o un ministerio. Tal vez tu lugar es el que Dios te dio, donde Dios te puso para servirlo. Capaz sea predicar, tal vez sea limpiar el baño. Puede ser también encargarte de “un alma nueva”, hacer contención, consolidación, discipulado, liderazgo… lo que sea que sirva para formar a esa persona. ¿Podés creer que algunos lo dejan de lado? ¿Podés creer que hay gente que abandona su lugar?
A veces decimos vulgarmente: “¡Una cosa tenías que hacer!” Y esa “una cosa” es la que debías hacer.
“Cual ave que se va de su nido, tal es el hombre que se va de su lugar.” (Proverbios 27:8)
“Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, y mira con cuidado por tus rebaños;” (Proverbios 27:23)
No sé dónde vuela tu cabeza.
No sé hacia dónde se te van los ojos.
No sé qué nortes querés explorar.
Hacé lo que tenés que hacer: ocupá tu lugar.
