Luz y Tinieblas

La luz es un “objeto” totalmente abstracto. No soy físico y no puedo dar definiciones científicas al respecto, pero la luz es algo que se puede ver, pero no se puede tocar ni se puede sentir.

Los antiguos creían que la luz era un rayo que salía de nuestros ojos. Newton, allá por el siglo XVIII, decía que estaba formada por partículas, granos, como si fuera una arena volátil. Hoy la ciencia dice (al menos por ahora) que es una “radiación de onda electromagnética” que puede ser percibida por el ojo humano. Por eso, insisto, es un objeto abstracto.

La luz es un objeto “independiente” de la fuente que lo emite. Dios creó primero la luz y luego al sol. Por lo tanto, es un objeto abstracto con existencia propia. No quiero fantasear, pero casi podemos decir que es una entidad viva, que no depende de su fuente para existir, sino solo para ser emitida. No se puede tocar, pero se puede ver, y se la puede “opacar”, pero nunca desaparecer.

Esa luz es tan intangible y tan poderosa al mismo tiempo, que tiene la facultad de quitar de en medio a la oscuridad. Sí, es una obviedad, pero una pequeña luz “mata” a la oscuridad, mientras que una “pequeña oscuridad” le hace cosquillas a la luz. La diferencia está en que la luz es esa “entidad viva”, pero la oscuridad… no existe.

Tranquilo, no te enojes. Es obvio que conocemos lo que es la oscuridad y muchas veces anduvimos en ella. ¡Tanto de la oscuridad física como de la espiritual! Pero la oscuridad no existe. Por definición, la oscuridad es la “ausencia de la luz”. Por eso, ante una pequeña luz, la oscuridad deja de ser. La oscuridad no puede ser definida por sí misma ni como sustancia, ni como objeto, ni como entidad; es solo un vacío (bueno, el vacío tampoco existe, es la ausencia de materia), es un hueco en el mundo visible donde está faltando la luz.

Es como el frío. Sí, el frío tampoco existe. No, no estoy loco, lo sufro y lo detesto, pero el frío no existe como esencia. El frío, señoras y señores, es la ausencia del calor. El frío no existe, la oscuridad no existe.

Juan la tenía bien clara. Se ve que pasar tiempo con Jesús dio su fruto. Sin tampoco ser físico (apenas era un pescador), habla respecto de la luz: “La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.” (Juan 1:5) Bueno, no hablaba de la luz, hablaba de Jesús, pero comparándolo con el efecto que Jesús causó y causa en el mundo, el mismo efecto que provoca la luz en medio de la oscuridad.

Curiosamente, Jesús dijo que él es “la luz del mundo” (Juan 8:12) y, desde ese enfoque, se repite el mismo concepto: “La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.” O sea, Jesús impacta en el mundo espiritual y este no prevalece contra él. ¡Ah, pero…! (siempre hay un pero) Jesús también dijo que “nosotros somos la luz del mundo” (Mateo 5:14). Por lo tanto, si 2+2=4 y si la regla de tres simple me ayuda…

“Si la luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no prevalecen…”
Si Jesús es la luz del mundo…
Jesús resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no prevalecen.
Si la iglesia somos la luz del mundo…
La iglesia resplandece en las tinieblas…
¡y las tinieblas no prevalecen contra la iglesia!

¿Claro? ¡Clarísimo!

¿Sentís que la oscuridad te rodea?
¿No ves el camino a seguir?
¿Estás caminando a tientas?
¿Tu situación te provoca angustia y ansiedad?

La luz es independiente a su fuente. La luz no depende de una emanación. La luz está en vos. Jesús es la luz. Vos sos la luz.

El reino de las tinieblas no tiene ninguna autoridad sobre la iglesia.
La iglesia tiene toda autoridad sobre el reino de las tinieblas.

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