Feliz Día del Trabajo


“Debe trabajar el hombre
para ganarse su pan,
pues la miseria, en su afán
de perseguir de mil modos,
llama en la puerta de todos
y entra en la del haragán.”

Las nuevas generaciones no lo conocen mucho, bueno, la nuestra tampoco tanto; al menos antes se lo leía en la escuela de manera obligatoria, pero como las filosofías modernas quieren eliminar la obligatoriedad, también se eliminó de la currícula.

Tal vez se piense que es antiguo, lo es; o un poco retrógrado, también lo es; que no representa a la sociedad actual, para nada; que hay cosas que se hacían antes que hoy deben ser revisadas, ¡nada que ver!

Son los mismos que piensan, seguramente, que es más necesario y productivo ofrecer a los niños y adolescentes literatura de tono erótico y diversidad de género que recorrer las raíces de la cultura nacional.

¿Sabías que los argentinos tenemos un libro de proverbios? Obviamente no estoy hablando de los Proverbios de Salomón, que hoy comenzamos nuevamente la lectura, sino de unos proverbios autóctonos, bien camperos, pero con una increíble vigencia en la Argentina de hoy.

Los escribió un tal José Hernández, un escritor y político bonaerense del siglo XIX que se enfrentó al modernismo que Sarmiento quería introducir en el país. Con aciertos y errores, se convirtió en un defensor de los derechos del campo marginado, en contra del avance de la oligarquía empoderada. ¿Te suena familiar?

A diferencia de los que hoy militan esa filosofía, Hernández puso en boca de su personaje muchas verdades que mostraban los conflictos sociales del momento. Es verdad, el gaucho era oprimido, pero también es cierto que el gaucho era vago, borracho y malandrín. Por eso, este “consejo del viejo Vizcacha” en La Vuelta de Martín Fierro se constituye en una máxima para la vida. Las cosas no caen del cielo ni se reciben del Estado; la miseria anda rondando buscando en qué puerta entrar. El sustento viene por medio del esfuerzo personal.

Es muy similar a Proverbios 6:9-11, que, aunque no corresponde a la lectura de hoy, dice:
“¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado.”

La palabra de Dios anima al crecimiento, a la prosperidad, a buscar un “mejor pasar”, pero en todos los casos por medio del esfuerzo personal. Recordá: “En todo lo que tiene que ver con lo que esperamos de Dios, con sus promesas y con lo que él espera de nosotros, se requiere nuestra intervención.”

Si hubo alguien esforzado, ese fue Jesús (¡a que pensaste que iba a nombrar a Gedeón!). Jesús no le hacía asco al trabajo manual y mucho menos al esfuerzo y sacrificio. Después de todo, Juan el Bautista, ahora sí en la lectura de hoy, dijo que Jesús “…es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Así que de sacrificio, Jesús sabía.

Este Jesús (no hay otro) es el que dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.” (Juan 5:19) Poniendo en alto una vieja virtud que hoy casi es vista como algo pasado de moda. ¿Acaso no aparece en los primeros capítulos de la Biblia?
“Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara.” (Génesis 2:15).

No, el trabajo no fue parte de la maldición por la desobediencia, sino que por ella, ese trabajo se convertiría en fatigoso.

El trabajo es salud, se decía antiguamente.
El trabajo dignifica, dijo alguien alguna vez.
¡El trabajo es un derecho! Según dice el art. 23 de la Declaración Internacional de los Derechos Humanos.

¿Nadie dice que es una obligación?

Hay todo tipo de trabajos: algunos son muy bien pagos y otros muy poco. Algunos son honrosos y otros menospreciados; algunos son anhelados y otros tomados apenas aceptados. Pero todos aportan al desarrollo del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios.

También hay otros trabajos, los espirituales, los que aportan a la obra de Dios. Las funciones ministeriales, el evangelismo, el cuidar ya no del huerto, sino de la higuera (la iglesia) y de las ovejas (los creyentes) que no son nuestros, sino de Dios.

Para terminar, en este Día Internacional del Trabajo, la Biblia también dice que:
“Toda labor rinde sus frutos, todo esfuerzo tiene su recompensa, de todo esfuerzo se saca provecho; pero quedarse en las palabras solamente, lleva a la pobreza.” (Proverbios 14:23, RVC, DHH, NVI)

Todo lo que hagas va a generar algún fruto. Solo procurá que sea un fruto productivo, favorable, que sea de bendición para vos y para la obra de Dios.

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