¿Te pasó alguna vez quedarte sin nafta en la calle? Hoy en día, los autos tienen un sistema de monitoreo computarizado mucho más complejo y confiable que los sistemas mecánicos o hidráulicos de hace unas pocas décadas atrás. Independientemente del valor del vehículo, casi todos los nuevos tienen un control electrónico de puertas, cinturón de seguridad, emanación de gases y, como decía, del nivel de combustible.
Antiguamente, el sistema era más simple pero menos eficaz. Dependías de la “tripa” (nombre popular que se le daba a la manguera que conectaba al sensor de nivel con el tablero y que funcionaba como un émbolo: un alambre dentro de esa manguera que transmitía la información), y así te enterabas de la presión del aceite, la temperatura del motor y el nivel de combustible. No mucho más que eso.
El sensor del combustible depende de un “flotante”, algo muy similar a lo que se usa en los tanques de agua en las casas, las cisternas y los depósitos de inodoro. Un brazo con un movimiento mecánico que se levanta indicando el nivel del líquido, y que, al llegar a una posición determinada, o no permite que entre más, o te indica que está “casi” vacío (la famosa “reserva”). El problema era, y es, que como buen sistema mecánico, en contacto con un líquido corrosivo y emanaciones de gases… ¡se traba! Queda clavado al fondo o a tope, y vos… manejando a ciegas.
No habría verdadero problema si solo fuera una cuestión técnica de un indicador en el tablero. El problema es que, si ese indicador falla, te vas a quedar en la calle y sin saber qué hacer (sí, andá a comprar nafta caminando).
Con los años aprendí a reconocer “otras” señales. Gracias a la triste experiencia de alguna vez haberme quedado “tirado”, empecé a identificar lo que estaba pasando antes. Puede haber más o menos olor a combustible, podés sentir el auto más liviano o más pesado, incluso he llegado a “escuchar” el líquido moviéndose… (¡qué peligro!). No digo que sirva como sensor, pero son pequeños síntomas que van apareciendo.
Increíblemente, o no tanto, a veces nos pasa como a los flotantes del combustible. Seguimos la rutina: arriba… abajo, líquido entra, líquido sale… eso hace que funcione nuestra vida. Recibimos alimento, lo procesamos y lo consumimos; recibimos información, la procesamos y la incorporamos (o la desechamos); recibimos “nuevas fuerzas” y las ponemos en uso; recibimos “vino nuevo” y lo guardamos en los odres (que sean nuevos, ojo); recibimos la dirección de Dios, su presencia, su unción… y nos manejamos con ella. Hasta que un día… el sensor seguía indicando “lleno”, pero el tanque estaba “vacío”.
¿Hubo señales? ¡Seguro que las hubo! Dicen que las primeras las nota solo uno; que después, las van notando los cercanos; y que, al final, todos se dan cuenta. Como sucede con un árbol podado: los primeros días, las ramas cortadas parecen verdes, pero en pocos días más se opacan, se caen, se oscurecen, se secan, se mueren. Me gusta decir: “Te quedaste sin crédito”.
Sansón estaba acostumbrado a usar el don que Dios le dio. Conocía el poder asombroso que ejercía. Supongo que, de chico, no se daría cuenta, hasta que entendió que era casi un “súper hombre”. Ejerció cargos, tuvo ministerio, se movía con la unción, el llamado y el poder de Dios… hasta que un día…
“…no sabía que el Señor ya se había apartado de él.” (Jueces 16:20)
¿Cómo están tus niveles?
¿Están funcionando tus sensores?
¿Hiciste mantenimiento para ver si todo está ok?
¿Estás sintiendo algún olor extraño?
¿Escuchaste algún ruido fuera de lo habitual?
¿Te sentís firme… o tan liviano que andás muy suelto?
Sansón tuvo que esperar a ser encarcelado, cegado, humillado, confrontado y provocado. Sin que Romanos 12 existiera todavía, él se dio cuenta de que debía “entregar su cuerpo en sacrificio vivo” para vivir de acuerdo a la buena voluntad de Dios.
¿Qué estás esperando? ¿Qué tiene que pasar? ¿A qué te tenés que enfrentar?
No esperes a quedarte tirado. Revisá tus niveles hoy. Tal vez el tablero marque “lleno”, pero si estás seco por dentro, es tiempo de recargar. Como los discípulos que iban constantemente a Jesús para llenar cada vez las canastas (Mateo 14:19), acercate a Él para reponer la fe, su presencia y su unción.
Dios no quiere verte parado, no quiere verte tirado a un costado de la calle, sino avanzando con fuerza en su propósito.
