Deseo y Acción

¿Viste cuando de chico te preguntaban: “¿Qué vas a ser cuando seas grande?” Y no tenías ni idea… O peor, tenías idea: querías ser astronauta, submarinista, cajera de supermercado o el que cambia la lámpara de la torre de control del aeropuerto. Todas cosas muy nobles, pero que en ese momento solamente captaban tu atención. No eran una meta real o viable.

Esta mañana leí una frase que decía más o menos así: “No podés detener a alguien que sabe hacia dónde se dirige”. Y si bien aplica a muchas cosas, me quedó retumbando en la cabeza lo importante que es tener una meta clara.

Alguna vez compartí otra frase que dice: “El que no sabe dónde va, ya llegó”, porque demuestra que si no tenés una meta, no vas a cambiar tu condición. Es cierto que, a veces, aunque no sepas dónde vas, es imperioso moverte de donde estás, dar un paso que te saque de tu condición. Pero eso tiene un efecto momentáneo: si no sabés dónde vas, al poco tiempo volvés a estar estancado en un lugar.

Es importante saber hacia dónde te dirigís.
Es importante saber lo que querés.
Es importante, necesario, saber qué querés de tu vida, qué pretendés alcanzar o llegar a ser.

Imaginate que un magnate multimillonario te pregunta: “¿Qué querés que te regale?” ¿Sabrías qué responderle? O que te digan: “¿Qué harías si tuvieras un millón de dólares?” ¿Sabrías qué contestar? Es importante saber a dónde vas, qué querés, a dónde querés llegar.

Así se entabló la conversación entre el paralítico del estanque de Betesda y Jesús: casi cuarenta años esperando que un milagro transformara su vida. El hombre estaba bien parado (no es una burla, digo que estaba bien ubicado), estaba recostado cerca de la fuente de la bendición. Estaba en el lugar donde las cosas pasan, donde de repente un golpe de suerte o el toque de la varita mágica pueden cambiar tu condición.

Pero habían pasado treinta y ocho años… y nada. Nada pasaba, y tampoco él hacía nada para que pasara. A veces nos conformamos con estar en el lugar apropiado, cerca del “mover”, en la cocina del asunto, ser parte del círculo rojo, tener contactos influyentes… pero así y todo, nada pasa. Tal vez nos conformamos solamente con alimentar la esperanza (o la fe) de ver que a los demás les funcionó y entonces… en cualquier momento puede pasar. Pero no pasa nada.

Algo que aprendí en mi corta experiencia es que la diferencia entre los triunfadores y los que fracasan es que los triunfadores hacen cosas todos los días que los que fracasan solo hacen de vez en cuando. Sí, como siempre, es necesario hacer.

Jesús se le acerca y le pregunta: «¿Quieres ser sano?» (Juan 5:6), sabiendo que “llevaba ya mucho tiempo así…”. Pero el hombre solo respondió con excusas, acusaciones y quejas (Juan 5:7), a lo que Jesús reacciona con un llamado a la acción: «Levántate, toma tu lecho y vete» (Juan 5:8).

¿Ves? No es idea mía: en todo lo que tiene que ver con lo que esperamos de Dios, o lo que Él espera de nosotros, se requiere de nuestra intervención. Como Ana, la mujer de Elcana (no, la mujer del policía no), que rogó, imploró, lloró, soportó burlas y humillaciones clamando por tener un hijo (1 Samuel 1:10-16), hasta que el sacerdote le dio su bendición: «Vete en paz, y que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido» (1 Samuel 1:17).

Entonces ella volvió en paz a su casa. Pero no se quedó sentada en su casa. No se quedó mirando el estanque ni esperando que “un ángel descienda”. Dice 1 Samuel 1:19 que:
“…regresaron todos a su casa en Ramá. Allí, Elcana tuvo relaciones con Ana, y el Señor se acordó de lo que ella le había pedido.”

En todo lo que tiene que ver con lo que esperás de Dios… bla, bla, bla,…se requiere tu intervención.

¿Podría haber quedado embarazada “del Espíritu Santo”? Sí, ¿por qué no? Pero el plan para el Mesías era en otro tiempo y lugar. Ana hizo lo que tenía que hacer, Elcana hizo lo que tenía que hacer: “tuvo relaciones con Ana, y el Señor se acordó de lo que ella le había pedido.”

Es importante saber hacia dónde te dirigís.
Es importante saber lo que querés.
Es importante, necesario, saber qué querés de tu vida, qué pretendés alcanzar o llegar a ser.
Pero es tan o más importante, sabiendo qué querés, actuar en consecuencia.

¿Qué estás haciendo?
¿Qué estás queriendo?
¿Qué estás necesitando?
¿A dónde querés llegar?
¿Qué querés ser… cuando seas grande?

Anhelo sin acción = ilusión
Decisión sin acción = relato teórico
Deseo sin acción = prolongación de agonía
Deseo + anhelo + decisión + determinación = alcance de las metas y cumplimiento de promesas.

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