Siempre me llamó la atención este versículo. Bueno, este junto con otros más, por supuesto. Suelo decir que ya perdí la cuenta de cuántos versículos favoritos tengo, así como de aquellos que espero preguntarle a Dios cara a cara para que me los explique…
¿Por qué 153 peces? (Juan 21:11). ¿Por qué cinco panes y dos peces? (Mateo 14:17).
¿Por qué Dios transgrede su propia ley?
Partamos de la base de que un milagro es una transgresión a una ley natural, y las leyes naturales están puestas por Dios. Pero además de eso, ¿por qué viola el día de reposo que él mismo impuso? ¿Por qué permitió comer de los panes que él mismo prohibió? ¿Por qué siempre tan transgresor?
Y creo que ahí está el punto: Dios mismo es, por su propia naturaleza, un transgresor. ¿Cómo llamarías, si no, al que pone sus propias normas? ¿Cómo definirías a quien regula su accionar a su propio antojo? ¿Cómo le dirías a alguien que no acepta consejo, que no permite voces en contra ni escucha opiniones? Sí, ya sé, suena más a necio, rebelde o dictador. Para mí, un transgresor.
Porque la tradición evangélica —que vos sabés que es la suma de la sabiduría y autoridad en cuanto a la regulación del comportamiento del cristiano (del evangélico) y de la iglesia— dice que tenés que cumplir con ciertos requisitos a la hora de servir a Dios, que sin ellos no sos apto para el ministerio, y que cualquier cosa hecha fuera de la dirección de Dios es carnalidad y pecado.
Pero te hablaba de un versículo en particular: 1 Samuel 3:19, que dice que “Samuel creció, y el Señor estaba con él, y no dejó que ninguna de sus palabras cayera a tierra”.
¿Vamos al punto? Dios respaldaba a Samuel en todo lo que Samuel decía. ¿Otra vez? Si Samuel, en un ataque místico o con unas copas de más, decía que la vaca iba a parir un cerdo… bueno, eso: la vaca tenía un cerdo.
¿No? ¿Cómo que no? Dice que “Dios respaldaba a Samuel en todo lo que decía”. Pero también dice el texto: “Samuel creció, y el Señor estaba con él…”.
Dios es transgresor, y la transgresión es parte de sus reglas. Dios es transgresor, pero aun así, tiene sus normas y exigencias. A veces ponemos el foco en lo que no edifica, en lo que no afecta; prestamos más atención a las cosas de forma que de fondo, cuando son las de fondo las que generan y muestran una transformación.
¿Es tan importante el tipo de vestimenta? ¿Es tan importante la corbata? ¿Es tan importante respetar rituales y tradiciones?
¿Es necesario hablar en neutro en el púlpito? ¿Es necesario llamar “altar” a la plataforma? ¿Es necesario orar con imposición de manos para demostrar poder o superioridad?
Dios es transgresor, y fue capaz de respaldar todo lo que Samuel hacía porque había un factor determinante: “…el Señor estaba con él…” y de ese modo, nada de lo que hiciera iría en contra de la voluntad, el plan y la forma de Dios.
No te detengas en las estructuras.
No te detengas en las formas.
No le des tanta importancia a la apariencia.
No pongas ni te pongas tantas regulaciones.
No impongas cargas a los demás que ni vos querrías (o podrías) soportar.
Solo asegurate de que Dios esté con vos… y que vos estés con él.
