¿Permanente o Momentáneo?

Si te dieran a elegir entre el placer instantáneo pero pasajero, y el placer permanente pero no instantáneo… ¿con cuál te quedás? Pensalo bien, no te tires a la pileta por uno o por otro y analizá tu situación.

En realidad, nuestras decisiones se basan casi siempre en nuestras necesidades. Sinceramente, son pocas las veces en que tomamos decisiones a largo plazo a pesar de nuestra condición actual. Eso tiene una explicación muy clara: si el zapato te aprieta hoy, ¡no te sirve de nada descalzarte el mes próximo!

Este es un concepto que escucho muy seguido en el contexto de la política social y económica: la estabilización de la macroeconomía requiere de medidas extremas, duras, difíciles, para lograr un futuro beneficioso. Pero en el mientras tanto, en la microeconomía, se ve un aumento de la crisis y la necesidad. Vos aceptás hacer un esfuerzo, aceptás achicarte y reducir tu nivel adquisitivo… ¿pero hasta cuándo? Cuando la necesidad oprime, te olvidás de la filosofía a largo plazo.

Esto nos pone en una situación dual y delicada: ¿vamos por el bienestar a largo plazo o solamente por suplir lo momentáneo? Otra vez la misma pregunta del principio (por eso te dije que no contestes rápido).

Aunque parezcan temas muy superficiales, son mucho más importantes de lo que parecen. Ponen en juego también nuestra estabilidad espiritual y, con ella, nuestra salvación. Vivimos en una ambivalencia constante entre la oferta del mundo y la oferta de Dios. Creemos, erróneamente, que lo de Dios solo afecta a lo espiritual; pensamos, también erróneamente, que lo del mundo es solo para el día a día y no afecta lo espiritual. Por eso el plan sistemático del reino de las tinieblas es: ofrecer en forma rápida, fácil, instantánea, lo que de otro modo llevaría mucho tiempo alcanzar.

Ya lo hizo Satanás con Jesús: “Yo te daré poder sobre todos estos reinos y sobre sus riquezas… Si te arrodillas delante de mí, todos serán tuyos.” (Lucas 4:6-7, RVC).
Dominio sin sacrificio. Señorío sin cruz.

Eso mismo nos sigue ofreciendo ahora. Desde Eva, pasando por Jesús, nos sigue ofreciendo placer sin sacrificio y sin la cruz, poniendo en primer lugar el placer momentáneo antes que la bendición eterna.

Parece loco, pero así funciona el mundo de hoy: las redes sociales, el consumo de pantallas, la oferta sexual, el deleite cercano y fácil, son como las golosinas que opacan la mente y nos alejan de la verdadera plenitud.
Sí, verdadera plenitud, porque recordá que empecé diciéndote: “placer instantáneo, pero pasajero.”

¿Te acordás de Esaú? Vendió sus privilegios a futuro, su posición económica, su derecho de hijo mayor, por un guiso de lentejas que al día siguiente terminó en el inodoro… (Génesis 25:32; Hebreos 12:16-17).

Al contrario, lo que Dios nos ofrece es permanente, abundante, alcanzar el éxtasis de una vida en plenitud. Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida. El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” (Juan 6:35, RVC).
Plenitud.

Si te dieran una pastillita con la que te sintieras en paz, pleno, saciado, abundado… ¿no la tomarías? (Ojo, no hablo de drogas sintéticas, ¡eh!). ¿Y si esa pastillita la tuvieras sencillamente al alcance de tu fe, tu adoración y tu crecimiento espiritual? Sí, no es tan rápido como la oferta de Satanás, pero te aseguro que es más efectiva.

Por eso dijo también: “Trabajen, pero no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna…” (Juan 6:27, RVC).

Por eso Pablo, que sabía cosas que nosotros no sabemos, que entendía cosas que todavía no entendemos, dijo: “Porque toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo… y ustedes han recibido esa plenitud.” (Colosenses 2:9-10, NVI), y también: “La iglesia es el cuerpo de Cristo, de quien ella recibe su plenitud, ya que Cristo es quien lleva todas las cosas a su plenitud.” (Efesios 1:23, DHH).

¿Cómo te estás sintiendo?
¿Sentís que te falta algo?
¿Estás necesitando algo más?
¿Tenés la necesidad de buscar algo que te llene?
¿Te sentís… insatisfecho?

Es cierto que no nos manejamos por sentidos, pero lo que sentimos nos afirma en nuestro caminar.
Si te está faltando algo, no lo estás buscando en Dios.
Si te está faltando algo, te está faltando Dios.
Si algo no te sacia, te está faltando buscar, encontrarte, adorar y servir al Señor.

¿Muy filosófico hoy, no?

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