Copias baratas

Zapato ajeno no siempre queda bien…

Si bien es posible que, teniendo el mismo talle, te pongas los zapatos de otro y los uses cómodamente, cuando ya tienen un tiempo de uso también están adaptados a la forma del pie del otro (y al olor también, eh).

Posiblemente estés pensando que es una locura, que cómo vas a usar los zapatos de otra persona, pero sin embargo es algo bastante usual. ¿Qué mujer no prestó o pidió prestado unos zapatos o vestidos para una fiesta? ¿Qué varón (joven) no intercambia constantemente sus remeras, buzos, pantalones y hasta ropa interior con sus amigos? (Zapatillas no, a tanto no llegan. Una cosa es prestar el bóxer, pero “las llantas” no, ¡eh!)

Como digo, usar ropa de otro es más común de lo que se piensa. Si sos hermano menor, ¡seguro te encajaron la ropa que dejó el mayor! Y si tuviste más de un hermano mayor, la prenda fue pasando de uno a otro hasta que solo sirvió para trapo.

Bueno, también está ahora la moda renovada de las ferias americanas: ropa usada buena, a muy bajo costo.

Como sea, sea la de tu hermano, la de la feria o la del tío fallecido… vas a tener que hacerle arreglos para que encaje en tu cuerpo, estilo y formas de andar.

Pero lo que no podés usar es la forma del otro, la manera del otro, la mirada del otro y el enfoque del otro. Si hicieras eso, habría solo una explicación: no sos vos, sos el otro.

A veces pasa. Pasa en los matrimonios, que uno quiere que el otro se convierta en su copia. Pasa con los hijos, queremos que piensen como nosotros. Pasa en un trabajo, que todos hagan las cosas como yo o como fulano las haría. Pero no se puede usar “la vestidura” del otro. ¡Podés usar su ropa! Pero no su vestidura. Porque su vestidura es su esencia, su personalidad, su carácter, sus dones, sus talentos.

Eso le pasó a David. Previo a enfrentar a Goliat y manejándose con criterios humanos, Saúl le puso su propia armadura para encontrarse con el gigante.

Supongo que fue todo un honor: “usar la armadura del rey”, pero repito… zapato ajeno no siempre queda bien.

David intentó, mirá que probó, ¡eh!, pero no hubo manera…
“se colocó la espada al cinto, e hizo el intento de caminar, pues nunca había portado un equipo así. Y como no pudo caminar, le dijo a Saúl: «No puedo moverme con estas cosas, porque nunca las he usado.» Y desechó esos arreos militares…” (1 Samuel 17:39)

Podés usar la ropa de otro, podés tomar del mismo vaso también, diría Jesús, pero no podés hacer la obra del otro, caminar el camino del otro, usar la forma, el llamado y la visión del otro, por lo menos, hasta que la adoptes como propia.

Dios te creó con un diseño. Diseño único, exclusivo, digno de las grandes marcas, comparable tal vez con un Cartier, Yves Saint Laurent o Louis Vuitton, con características especiales que te hacen especial.

No quieras imitar el llamado de otro. No quieras copiar la personalidad de otro. No quieras servir a Dios como lo hace otro. Al contrario, alineate a una visión, poniendo el condimento de tu forma especial.

Dios te creó con un propósito, con un llamado a tu medida, con una función que encaja en tu forma.

Dios te creó original… no vivas como una copia.

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