Un Poquito Más

“Debe trabajar el hombre
Para ganarse su pan;
Pues la miseria, en su afán
De perseguir de mil modos,
Llama en la puerta de todos
Y entra en la del haragán.”

Así escribe José Hernández en la 2.ª parte del Martín Fierro, cambiando un poquito el tono rebelde del gaucho salvaje de la primera entrega.

Posiblemente haya recibido algunas críticas; su personaje era el típico marginal de mediados del 1800: el vago y malandrín, el borracho de la pulpería que vivía de changas o de la asistencia del terrateniente. Dicen que “gaucho” proviene del francés gauche, que significa “izquierda”, no por una afinidad política sino por vivir a contramano de la sociedad.

Vivían al día, algo que en estos tiempos es lamentablemente común. Un poco por la falta de trabajo y otro poco por la falta de ganas de trabajar (para no decir “vagancia”). Dicen los analistas políticos que en las últimas décadas, en nuestro país, “se perdió la cultura del trabajo”, pero más allá de eso, somos una sociedad propensa al poco esfuerzo.

Nos esforzamos para el examen. Nos esforzamos para las vacaciones. Nos esforzamos para el tratamiento. Nos esforzamos para quedar bien, para la entrevista, para la conquista o para la reconciliación. Pero cuando llegamos… ya llegamos. Y como ya llegamos, ya no hay más esfuerzo.

¿Viste que dicen que los hombres “echamos panza” después de casarnos? ¿Viste que dicen que las mujeres “ya no se producen tanto” una vez casadas? ¡Dicen, eh! ¡Yo no, eh!

Es necesario revertir esa costumbre, al menos para mostrar a Cristo, como te decía ayer sobre el evangelismo silencioso.

Dijo Salomón: “Tras la cosecha el perezoso no ara; luego busca en tiempo de siega y no hay nada.” (Proverbios 20:4)

Si no cerrás el ciclo, te vas a quedar de a pie. No alcanza solo con un esfuerzo: el esfuerzo, el compromiso, la dedicación y la diligencia deben ser cosa normal en tu vida para disfrutar de todo lo que Dios nos da.

—¿¡Pero cómo!? ¿Acaso el sacrificio no lo hizo Jesús?
Ves… ahí está el problema. Esfuerzo no es sacrificio. Sacrificio es como nos quieren hacer ver las cosas. Esfuerzo es algo natural para alcanzar. ¡Si hasta el bebé tiene que esforzarse al momento de nacer!

—Bueno, pero el trabajo es una maldición, fue la consecuencia de la desobediencia en el Edén.
No. El trabajo es anterior a la desobediencia. Dios puso a Adán en el huerto, “para que lo cultivara y lo cuidara.” (Génesis 2:15). La maldición fue que ese trabajo debería hacerse “con el sudor de tu frente” (Génesis 3:19): lo que antes era fácil, ahora sería costoso.

Incluso existe una profecía sobre el tiempo de la restauración que dice: “Todavía se estará cosechando el trigo cuando ya será tiempo de arar el campo, y aún no se habrá acabado de pisar las uvas cuando ya será tiempo de sembrar el trigo.” (Amós 9:13)
Nos está diciendo que será tanta la abundancia que no habrá tiempo para descansar… porque se deberá seguir sembrando y cosechando.

Bueno, más fácil todavía: cuando Dios sienta el principio de la siembra y la cosecha, dice:
“Mientras el mundo exista, habrá siembra y cosecha;…” (Génesis 8:22)
O sea que, o el mundo ya no existe más… o debemos seguir sembrando para poder cosechar.

Vamos a las preguntas de rigor:

¿Cómo estás cosechando?
¿Qué estás cosechando?
¿Es una cosecha abundante… o bastante pobre?
En ese caso… ¿cómo fue tu siembra?
¡Ah! ¿No sembraste?
¡¿Cómo?! ¿¡Seguís sin sembrar!?

No te esfuerces para el corto plazo.
No te pongas metas fundamentadas en los demás.
No vivas en función de pequeños logros momentáneos.
No quieras cambiar solamente para agradar…

En definitiva… como te dije al principio:
“Debe trabajar el hombre para ganarse su pan;…”
…salvo que quieras vivir como un marginal, señalado y rechazado por vago y borrachín…

(¡ups!)

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