Leí esta mañana temprano una de esas frases que te dejan pensando y que son un poco confrontativas. Decía: “La frustración es el combustible de la creatividad”.
Vivimos en una época donde la frustración es todo lo opuesto. Ante una situación frustrante, caemos víctimas de la ansiedad y, si esta se potencia, puede derivar en ataques de pánico (el ataque de pánico no es otra cosa que una crisis de ansiedad extrema).
Lamentablemente, para las generaciones contemporáneas esto es una verdadera crisis: no la ansiedad o la frustración en sí, sino la falta de enseñanza sobre cómo lidiar con ellas y cómo, en definitiva, convertirlas en combustible. Te decía estos días que “en todo lo malo hay algo bueno”, y no por entrar en filosofías orientales (¿Medio Oriente cuenta?), ni militar la nueva era o el yin-yang, sino porque realmente las situaciones frustrantes, bien manejadas, nos llevan a un nivel superior.
En el ambiente cristiano evangélico (con acento y mayúsculas en EVANGÉLICO) entendemos este proceso por medio de las famosas “pruebas”. No rechazamos su existencia y más o menos aprendimos a convivir en el proceso (mientras cantamos: “En Santiago uno, verso doooos…”). Pero cuando se trata de la vida “no cristiana”, nos confronta al límite de la desesperación.
Estoy persuadido, diría Alfonsín, de que —casi tanto como el uso de la Inteligencia Artificial— hay una muy grande necesidad de enseñar Inteligencia Emocional en las escuelas, manejo de crisis y de la frustración. Hoy los niños pequeños no saben aceptar un “no”, y los padres no saben cómo enfrentar los berrinches de estos pibes porque, tanto unos como otros, enfrentan las mismas crisis de ansiedad.
Siempre digo que la iglesia tiene un carácter formativo, y hace unos días alguien muy cercano me dijo que “te brillan los ojos cuando hablás de formación de la siguiente generación”. Y puede ser que haya en mí un deseo más cercano a la utopía que a la realidad, pero sigo creyendo que, si la casa no lo provee y la escuela no lo suple, la iglesia tiene la obligación de formar a los cristianos adultos de la siguiente generación para impactar en el mundo e iglesia de esa generación. ¿O será que no sé manejar esta frustración?
Sí… me brillan los ojos, aunque no lo veas…
Como sea, manejar la frustración es la puerta que nos lleva a otro nivel y hace de nosotros una persona distinta, capaz de enfrentar las crisis y la oposición que “la vida” nos pone por delante. (¿Por qué decimos “la vida”, no? Si los responsables son las personas…)
David tuvo que sortear varias curvas en su vida. Tuvo que aprender a transitar del campo al palacio, y del palacio al destierro. Creo que en el cielo debe ser amigo de Pablo, y le debe estar diciendo: “Yo también sé vivir en abundancia y en necesidad, también fui enseñado en todo y por todo… pero vos… ¡conociste a Cristo!” (Paráfrasis de Filipenses 4:13).
Dos veces fue casi ensartado por Saúl. Fue aceptado y rechazado. Fue criticado y alabado, al punto que, cuando por fin empezó a establecerse…
“Cuando los filisteos supieron que David había sido coronado rey de Israel, reunieron sus ejércitos y fueron a combatirlo. En cuanto David lo supo, se fue a la fortaleza.” (2 Samuel 5:17).
La oposición y la frustración van a estar a la orden del día y en el menú de tu vida cada vez que quieras dar un paso adelante.
¿Te acordás de Jacob? Cada vez que quería salir de la opresión de su suegro, este lo aplastaba con alguna acusación o con alguna trampa (Génesis 31:1-21). Bueno, bien dicen que cuando un clavo sobresale, enseguida aparece el martillo para ponerlo en su lugar.
Pero tantas situaciones que David vivió lo llevaron a la decisión correcta. A ver, no era un dechado de sabiduría e integridad. A los años se la re mandó con el tema de Betsabé; con lo de Absalón tampoco estuvo bien. Pero en líneas generales fue un tipo “conforme al corazón de Dios” (Hechos 13:22) que supo dejar un linaje y manejar la frustración.
“Cuando los filisteos supieron que David había sido coronado rey de Israel, reunieron sus ejércitos y fueron a combatirlo. En cuanto David lo supo, se fue a la fortaleza.”
Resalto: En cuanto David lo supo, se fue a la fortaleza.
No se encerró en su habitación.
No se escondió en algún vicio.
No se escudó en sus fracasos y miserias.
No exigió un buen trato.
No se ofendió.
No los acusó de intolerantes o no inclusivos.
No exigió una indemnización.
Se fue a la fortaleza…
(Y me parece que ahí escribió el Salmo 18):
“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía.
Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador;
Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré;
Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.”
O el 46…
“Dios es nuestro amparo y fortaleza,
Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.”
¿Estás viviendo oposición? ¿Estás enfrentando frustraciones?
No te encierres, no te aísles, no te asustes, no tengas temor.
Estás siendo preparado para subir al siguiente nivel.
Estás siendo moldeado con el carácter de Cristo.
Estás siendo forjado a la altura de su estatura y su plenitud (Efesios 4:13).
… si es que vas… a la fortaleza.
