Dice el viejo refrán: “Mejor malo conocido que bueno por conocer”. Todos lo conocemos (supongo), alguna vez lo habremos escuchado y posiblemente usado. Tiene algunos ingredientes bastante acertados: no experimentes con cosas desconocidas si no sabés cómo manejarlas; mejor quedate con lo que tenés, aunque no sea tan bueno o aunque sea un poco malo.
Hasta ahí levantamos la bandera de la resignación… y de la mediocridad. Porque así como tiene ingredientes buenos, me parece que son más los malos. ¿Viste cuando te equivocás en el tuco y en vez de “una pizca” le echaste “un puñado”? Hay pequeñas cosas que pueden arruinar una buena preparación.
Sí, capaz que tu cabeza te llevó a la mosca de Eclesiastés, como a mí (10:1), pero no quiero enfocarme en los pequeños errores sino en la manera en que encaramos algunas situaciones.
Así como se dice ese refrán, también está la otra frase: “Lo bueno es enemigo de lo mejor”, y que te lleva justamente al lado opuesto de lo que venimos hablando. ¿Por qué conformarme solo con lo que tengo en la mano —porque lo tengo—, cuando puedo alcanzar más? Viene otro refrán: “Más vale pájaro en mano que cien volando”. Me estoy dando cuenta de que hemos sido formados con un refranero popular de resignación, conformismo y mediocridad…
Nos aferramos a lo que tenemos, idealizamos nuestras posesiones o posiciones alcanzadas, generamos apego (o dependencia emocional) a cosas o personas que solo pueden darnos pequeñas dosis de plenitud momentánea. (Si es plenitud, no es momentánea; si es momentánea, no es plenitud). ¡Ojo! Cualquier similitud con la definición de adicción es solo casualidad…
El apego emocional genera adicción. La sobrevaloración de los bienes o pertenencias genera dependencia. Poner en una cosa o persona la clave de mi felicidad es casi comparable a usar cadenas de oro, pero no de adorno, sino de las que nos atan a la esclavitud. ¡Cuidado! Si lo que te mantiene atado al fracaso o a la mediocridad es bonito, no deja de ser una cadena de esclavitud…
En cierta parte es entendible, como el factor “miedo a lo desconocido”. Tenemos un temor natural a la muerte porque no sabemos qué hay más allá. Le tememos a los “fantasmas”, si existieran, justamente por ser desconocidos. Tememos a lo sobrenatural, al ocultismo, a lo extraterrestre, a los demonios… todo por la misma razón. Cuando, en realidad, el factor desconocido es lo que le da el sabor especial a la fe.
¿Cómo que no? ¿No dice acaso: “la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1)? Y sin embargo, aunque no lo veas, la fe te hace creer que existe. En definitiva, tampoco ves a Dios, pero creés que está.
El apego genera dependencia y nos impide alcanzar lo que puede ser mejor. Aferrarnos a algo o a alguien es una cadena que nos mantiene atados: o al presente, o al fracaso, o a la mediocridad. Y si bien siempre digo que “si algo funciona, no debe ser cambiado”, aún cuando algo funciona soy el primero en probar en forma paralela otras alternativas (si no, todavía estaríamos transmitiendo las reuniones por Facebook Live).
Jesús les dijo a sus discípulos: “Les digo la verdad: (o sea que era algo serio) les conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a ustedes; pero si me voy, yo se lo enviaré.” (Juan 16:7)
¿Te imaginás lo que habrán pensado o sentido? Pedro no habló, así que ninguno dijo nada, pero estoy seguro de que quedaron desconcertados, que su cabeza se nubló y todo lo que veían era confusión. ¿¡Cómo que es mejor que Él se vaya!? ¡Con todo lo que estamos haciendo, con los renunciamientos que hicimos…! ¿No ve cuánta gente alcanzamos? ¡Qué poca visión que tiene el rabino!
¿Te parece exagerado? ¿Qué hubieras dicho vos? Je…
Jesús sabía lo que iba a hacer. Jesús sabía lo que ellos pensaban también. Pero mantenía la mirada puesta en su propósito, su función, lo que el Padre le mandó hacer.
Supongo que la humanidad de Jesús también se hubiera cuestionado a sí mismo. ¿Para qué se va a ir si la está pasando re bien? ¿Para qué se va a ir si está en el momento top de su popularidad? ¡Está siendo trending topic, llegó a las 10 mil views y tiene miles de likes…! ¡¿Ahora se va a ir?!
Pero además de saber lo que pensaban los discípulos, Jesús sabía que venía algo mejor.
Lo mismo entendió Juan Bautista en su momento: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Juan 3:30). ¿Y si Juan no menguaba? ¿Crecía Jesús? Nunca lo vamos a saber, pero a veces es necesario soltarse de lo conocido y de lo bueno, para poder acceder a lo mejor.
Ayer te hablé de las cosas que deben ser cortadas; hoy te hablo de las que tenés que dejar ir. No sirve de nada aferrarte a lo que ya cumplió su ciclo, no es productivo seguir atado a lo que te detiene. Cualquier situación o persona que impide que avances… ¡es una cadena! Con candados y grilletes que te mantienen en el pasado o la mediocridad.
No tengas miedo a lo nuevo.
No temas a lo desconocido.
No mates el futuro con lo mejor que viene para tu vida.
No te ates a lo viejo.
No te aferres a lo seco.
No te limites en tu progreso…
Para que venga lo mejor, hay que dejar ir lo bueno.
