¿De qué hablamos cuando hablamos de fe?
La fe es, básicamente, el núcleo y la esencia de la vida cristiana. No digo que sea el centro y el eje, porque algún religioso de pocas luces, que no interprete bien las intenciones, va a decir que estoy sacando a Jesús de su lugar.
Para que no queden dudas: el evangelio es Cristo (obviamente, el cristianismo es Cristo); Cristo es el centro de nuestra vida, el que nos completa y en quien tenemos salvación.
Pero… (je). Pero todo lo que recibimos, y aun lo que sabemos, lo tenemos por la fe.
¿Sos salvo?
Espero que tu respuesta sea “sí”. Pero si sos salvo, ¿por qué lo sos?
Ya sé que esto es como preguntar cuánto es 2 + 2 (¡es 4, eh!), pero… ¿por qué sos salvo?
Sos salvo porque el sacrificio de Jesús fue el pago por tus pecados y te hace justo delante de Dios.
¿Seguro? —Sí, obvio, sin cruz no hay salvación.—
Sí, claro, pero… “Justificados, pues, por la fe…” (Romanos 5:1)
La fe te hace justo al creer en el sacrificio de Jesús. ¿Querés más?
¿Sos salvo por gracia o por obras? O sea, ¿tu esfuerzo y sacrificio te proveen salvación, o el sacrificio de Jesús? Obviamente no es por tus obras, sino por las de Jesús… pero (¡otra vez!): “…por gracia sois salvos…” (Efesios 2:8)
Ok, estamos de acuerdo: no es por mis obras, sino por las suyas. No merezco la salvación: me la regalan. Es “por gracia”. Sí, pero el verso sigue: “…por medio de la fe.” (Efesios 2:8)
¡Chan!
Sos justo por la sangre de Jesús, pero lo recibís por fe.
Sos salvo por gracia, por la obra de Jesús, pero lo recibís por fe.
En definitiva, la fe es el núcleo y la esencia de la vida cristiana y del evangelio.
¿Y qué es la fe?
Como cristiano ya sabés el cantito: el misterioso autor de Hebreos dice que “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1)
Ayer te hice un comentario sobre la vieja “regla de tres”, para seguir ejercitando la mente (y la memoria):
Si la fe es el núcleo y la esencia del evangelio y de la vida cristiana, entonces el núcleo y esencia de la vida cristiana y del evangelio es “la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve”.
(¡Me encantan los trabalenguas y los juegos de palabras!)
Lucas hace una reseña del discurso de Esteban. Al mejor estilo periodístico, toma el relato histórico sobre los patriarcas para llegar a Jesús, y en Hechos 7:5 escribe:
“Y aunque no le dio siquiera [a Abraham] un poco de terreno donde poner el pie, le prometió [a Abraham] que esa tierra se la daría a su descendencia, a pesar de que él [Abraham] no tenía ningún hijo.”
La vida cristiana se vive por fe. Pablo refuerza la idea: “No es por vista, es por fe.” (2 Corintios 5:7)
No se trata de ver señales ni de tener pruebas contundentes de lo que Dios te dijo o vas a recibir.
La prueba es la fe. Jesús mismo les dijo a los fariseos (y a los discípulos, de paso):
“La generación mala y adúltera demanda una señal, pero no recibirá más señal que la del profeta Jonás.” (Mateo 16:4)
Y otra vez Pablo: “Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado…” (1 Corintios 1:22-23)
No se trata de ver el camino a seguir, se trata de caminarlo para ver.
No se trata de que Dios te demuestre o te dé alguna prueba. Se trata de creer para ver.
No se trata de tener los recursos a disposición, sino de, aun sin tener, creer.
Anoche terminamos la Cruzada de Cumplimiento de Promesas.
Anoche el Señor nos habló del “de repente” y del “cumplimiento”; de cuando las cosas no son, pero serán; de cuando no vemos, pero llegará; de cuando nos cansamos de esperar, pero…
si mantenemos la fe en el cumplimiento de la promesa, la promesa se cumplirá.
¿Qué estás esperando?
¿Qué estás buscando?
¿Qué anhelás recibir?
¿Qué dejaste de esperar…?
No dejes de creer porque no veas.
No dejes de esperar porque no haya señales.
No busques más con tu razonamiento.
Como le dijo Jesús a Marta:
“¡Solo creé!”
