Sinceramente, esto es para predicarlo, pero al mismo tiempo es lo que me golpeó hoy. No te sorprendas si en unos días lo escuchás desde el púlpito, como mensaje o comentario dentro de otro tema: no siempre entendemos la manera de Dios.
Perdón, creo que exageré. Me parece que en realidad… ¿entendemos la obra de Dios? Por un lado, nos encontramos con Pablo preguntando:
“¿Quién ha entendido la mente del Señor?” (Romanos 11:34),
y por otro lado, al mismo Pablo diciendo que:
“Lo que procede del Espíritu de Dios… hay que discernirlo espiritualmente.” (1 Corintios 2:14).
¿Se puede entender a Dios? ¿Se puede entender la obra que hace por medio de su Espíritu?
Peor todavía si lo dejo a Isaías diciendo:
“El Señor se levantará… para llevar a cabo su extraña obra, para realizar su insólita tarea.” (Isaías 28:21),
o directamente el conocido:
“Mis pensamientos no son los de ustedes ni sus caminos son los míos, afirma el Señor.” (Isaías 55:8).
¿A dónde quiero llegar con esto?
¿Es imprescindible entender lo que Dios hace?
¿Es necesario que nos explique lo que está haciendo?
¿Acaso somos los auditores que debemos aprobar (o rechazar) la forma en que Dios actúa?
¿Acaso se te ocurre que tenés voto en este tema?
Dios le da una instrucción a Elías. Lo manda a una región específica, porque obviamente lo necesita ahí. Dios te puede querer en un lugar para hacer algo con vos, o para hacer algo en vos.
Sea como sea, el punto es que estés donde Dios quiere que estés.
Como Abraham, que le dijo: “Salí… andá”, y no le dio más detalles.
Y Abraham salió… y fue…
1 Reyes 17:5 nos cuenta que:
“Elías fue obediente a la palabra del Señor, y se fue a vivir cerca del arroyo de Querit, frente al río Jordán.”
¿Y qué vas a pensar?
En la época bíblica, y hasta no hace mucho, las ciudades se levantaban cerca de los cursos de agua para tener agua potable a disposición (sin agua no podés vivir). Son muy pocas las capitales antiguas que no estén cerca de un río, y las que no, tenían otra manera de obtenerla.
Así que Dios lo manda a Elías cerca del arroyo. Pase lo que pase, agua iba a tener. Aunque le faltara comida, no iba a morir deshidratado, y la comida era más fácil de conseguir.
(Sí, no te sorprendas: hoy nos moriríamos de hambre, pero en esa época: raíces, hongos, peces, insectos, frutos, etc.)
Elías podía estar tranquilo y confiado.
Pero… (uy)
“Pero después de algunos días, el arroyo se secó, porque no había llovido sobre la tierra.” (1 Reyes 17:7)
¿Qué hacés cuando se te mueve el piso?
¿Qué hacés cuando se te cae la estantería?
¿Qué hacés cuando lo seguro no era tan seguro?
¿Qué hacés cuando las cosas no son como esperabas?
¿Qué hacés cuando Dios te lleva al desierto?
¿Qué hacés cuando, a pesar de no ver, tenés que confiar, tenés que creer?
Cuando Dios quiere usarte, primero va a prepararte.
Para prepararte, Dios va a procesarte.
Y para procesarte, siempre te va a mandar a un desierto.
¡Si hasta Jesús fue llevado a uno! (Mateo 4:1)
¡Aaaah! ¿Vos pensabas que a vos no te iba a tocar?
No hay bendición sin transformación.
No hay transformación sin proceso.
No evites el proceso para ser transformado.
No evites ser transformado, para alcanzar la bendición.
No siempre entendemos lo que Dios hace, pero Salomón dijo:
“El que atiende a la palabra, halla el bien; ¡dichoso aquel que confía en el Señor!” (Proverbios 16:20)
No pidas explicaciones.
No quieras entender.
¡Confiá en el Señor!
