¿Quién sos?

En la jerga “evangélica” existe un viejo dicho: “Dios te puede hablar hasta por un burro”, haciendo referencia a la historia del pseudo profeta Balaam (Números 22), a quien un asna le habla porque él no veía lo que Dios estaba haciendo.

Es una historia casi graciosa. Me recuerda siempre a la vieja serie de los 60 en la que un caballo (Mr. Ed) le hablaba a su dueño, y solo a él. Nadie le creía, del mismo modo que algunos dudan si realmente el asna le habló a Balaam.

Como en todo lo relativo a las cosas de Dios, es por medio de la fe: creer sin ver. Pero si Jesús les dijo a los fariseos que, si ellos querían callar a la gente, Dios haría que las piedras hablen (Lucas 19:39-40), ¿por qué no podría hablar una burra? ¿No?

Pero más allá de cuestionar la historia o no, te deja una enseñanza muy clara: Dios puede usar a quien quiere, como quiere, en el momento que Él quiere, aunque a la vista de tus ojos y a tu entendimiento sea imposible que Dios use a ese ser, elemento o persona.

¡Cuántas veces habré dicho: “Si Dios me puede usar a mí, puede usar a cualquiera”! ¡Cuántas veces habré dicho: “Dios es injusto si me perdonó y me usa a pesar de mis miserias”! Y cuántas veces más termino diciendo: “Dios sigue siendo fiel, y yo sigo sin entenderlo”.

El punto es que así Dios me habla hoy por medio de Jezabel. ¿La conocés? Junto con Dalila son los dos nombres peor vistos de la Biblia. Sinceramente, no creo que a ningún padre se le ocurriría bautizar “Dalila” o “Jezabel” a alguna de sus hijas, entendiendo que el nombre tiene un trasfondo y contexto profético con cumplimiento en la vida de esa persona. Incluso en el cine el nombre Jezabel trascendió como el de una mujer peligrosa, traicionera, manipuladora y promiscua. ¡La joyita de la casa!

Jezabel fue la esposa del rey Acab (un tipo manipulable, inestable e inseguro de sí mismo, como Saúl). Ella fue la que aterrorizó a Elías, quien, después de haber pasado a cuchillo a 800 hombres, huyó por la amenaza de esta mujer (1 Reyes 18 y 19).

Resulta que Acab se había encaprichado con un terreno. Quería a toda costa que un fulano llamado Nabot le vendiera su viñedo, que estaba al lado del palacio. Este Nabot no quiso saber nada, y a diferencia de Arauna, que casi le regala su terreno a David (2 Samuel 24:22-25), Nabot dijo: “¡Ni loco me desprendo de lo que heredé de mis padres!” (1 Reyes 21:3).

¿Y qué hizo Acab?
“Y vino Acab a su casa triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y se acostó en su cama, y volvió su rostro, y no comió.” (1 Reyes 21:4)

Cuando se habla de la “generación de cristal”, no es algo solo de esta época. Si bien ahora es masivo, vemos que en épocas bíblicas ya aparecían estos casos. Yo digo: si no hubiera existido la monarquía, ¿este fulano hubiera llegado a rey? Obviamente ostentaba una posición solo por derecho de sangre y ningún mérito personal. No tenía las cualidades, el carácter ni el temple para sentarse en el trono, ni de Israel ni de ningún otro (en realidad, él reinó en Samaria…).

Recuerdo la historia de Saúl cuando es nombrado rey, que algunos no quisieron honrarlo como tal: “mas disimuló” (1 Samuel 10:27), mostrando su falta de identidad y no creerse apto para ser rey, por lo que afirmo que estos fueron cortados con la misma tijera…

¿Qué hubiera hecho David? Haría un análisis de comportamiento vía ChatGPT, y posiblemente resultaría lo que creo (¿lo hago?): que David hubiera forzado la compra, le hubiera pagado 10 veces más del valor de la tierra para poder hacerse de ese campo y levantar un altar a Dios. En otro caso, tal vez otro rey expropiaría o mandaría a matar al dueño, pero no David. Él dijo: “No voy a ofrecer al Señor mi Dios holocaustos que nada me cuesten” (2 Samuel 24:24). Pero Acab sí… bueno, no él, sino “ella”.

La macabra Jezabel, que podría representar muy bien a Cruella De Vil de Los 101 dálmatas, acusó falsamente a Nabot de sedición, usó testigos falsos y así lo condenó a muerte. Una vez muerto, manda a su marido a que tome el campo que ella le había conseguido. Pero antes de esto, ella le dice:

“¿Y acaso no eres tú el rey de Israel?” (1 Reyes 21:7)

El entendimiento de tu posición te permite acceder a niveles exclusivos.
Saber quién sos te habilita a moverte con libertad y autoridad.
Ignorar tu posición, tener problemas de identidad y falta de seguridad te ponen en la vereda de los débiles y fracasados, sin confundir “débil” con “humilde”, y sin menospreciar al fracaso, que es un escalón al éxito.

Solo quien sabe quién es puede actuar en función de lo que es.
Justamente por eso mismo es que “lo que sos determina lo que hacés, y lo que hacés muestra, define quién sos”.

La pregunta obvia sería: ¿Sabés quién sos? Y no me refiero a tu nombre, ni a quiénes son tus padres. Tampoco, sinceramente, a qué te dedicás, sino a “quién sos”…

Quién sos marca tu destino.
Quién sos le da forma a tus acciones.
Quién sos muestra tu propósito, el que en definitiva también dice quién sos.

¿Sabés quién sos?

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