“No hay que ser más papista que el Papa“, vieja expresión, nada evangélica por cierto, que tiene otra versión paralela que dice: “No quieras ser más bueno que Dios”, y otras que podría agregar. En otras palabras: no se deben tomar decisiones o acciones emocionales que vayan por encima de los principios establecidos. Lo que es, es, y lo que no es, no es.
A ver… una de las señales de los últimos tiempos será el comportamiento de los hombres (y mujeres), lo que también aplica dentro de la iglesia. Pablo dijo a Timoteo: “…enemigos de todo lo bueno,… y más amigos del placer que de Dios. Aparentarán ser devotos, pero su conducta desmentirá el poder de la devoción.” (2 Timoteo 3:3-5).
Algo que ya había profetizado Isaías cuando dijo: “¡Ay de los que llaman bueno a lo malo, y malo a lo bueno! ¡Ay de los que convierten la luz en tinieblas, y las tinieblas en luz!” (Isaías 5:20).
O, volviendo a Pablo y a un tema recurrente: “No se unan con los incrédulos en un yugo desigual. Pues ¿qué tiene en común la justicia con la injusticia? ¿O qué relación puede haber entre la luz y las tinieblas?” (2 Corintios 6:14) Ya ves por dónde va la cosa…
Entendemos que hay cosas y personas que nos conviene dejar atrás. Entendemos que hay lugares y situaciones a las que no nos conviene volver. Sabemos que mirar hacia atrás cuando vas hacia adelante solo puede terminar en tropiezo (o que te conviertas en estatua de sal). ¿Acaso no dijo Jesús:
“El que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás, no sirve para el reino de Dios.” (Lucas 9:62)
La nación de Israel se había dividido, literalmente partido en dos. Durante el reinado de Roboam, nieto de David, diez de las once tribus se separaron y formaron un país aparte. Así nació “el reino del norte”, llamado Israel, y “el reino del sur”, conocido como Judá (1 Reyes 12). Por muchos años hubo distanciamiento, enemistad y algunos tiempos de paz. Los del norte, con capital en Samaria, se alejaron completamente de Dios. Por eso era que “judíos y samaritanos no se tratan entre sí” (Juan 4:9).
Si bien tenían las mismas raíces, si bien eran una misma familia, si bien todos eran descendientes de Jacob, los del norte se comportaban como las naciones paganas, y por esa razón Dios “los entregó en manos de los asirios” (2 Reyes 17:20) en el 722 a.C.
Pero Josafat, rey del sur, quiso ser más papista que el Papa y más bueno que Dios. No solo restableció relaciones diplomáticas con el norte, sino que “emparentó con Acab (rey del norte)” (2 Crónicas 18:1) y tuvo vínculos cercanos con él… lo que casi le ocasiona la muerte.
Resulta que Josafat fue a visitar a Acab. Compartieron el día, habrán almorzado o merendado juntos. Parece que no tenían nada que hacer, ya que Acab invitó a Josafat a acompañarlo a la guerra (1 Reyes 22:3-4). Y como definitivamente no tenían otra cosa que hacer: “El rey de Israel y el rey de Judá salieron juntos contra Ramot de Galaad.” (1 Reyes 22:29).
Cuando te juntás con los que no tenés que estar, es un final cantado. Pablo (y sí, ¿qué querés? Media Biblia se escribió…) dijo: “No se dejen engañar: las malas compañías corrompen las buenas costumbres;” (1 Corintios 15:33).
Cuando te relacionás o, peor todavía, te asociás con alguien con distintos valores y principios, es un camino recto al fracaso (ahí va otra vez lo del “yugo desigual”).
Cuando te involucrás en los asuntos de aquellos que no tienen tus prioridades, o ganan ellos o perdés vos…
¡Y salieron a pelear nomás! Acab, bien vivo, se disfrazó (sabía que él era un blanco). Josafat, bien bobo, se presentó en batalla con sus ropas reales. ¡Qué razón tenía Jesús! “Los que pertenecen al mundo son más listos que los que pertenecen a la luz.” (Lucas 16:8).
Por eso debemos ser más astutos todavía y no formar vínculos íntimos.
Salieron a pelear y Josafat casi muere. Tuvo que gritar para que lo reconozcan y entonces salvó su vida (1 Reyes 22:32-33).
No te relaciones con aquellos que, al final, pongan en peligro tu vida.
No te asocies con los que no van en la misma dirección que vos.
No intimes con los que tienen otros valores, principios, prioridades.
No ocupes lugares que no te corresponden.
No seas más papista que el Papa ni más bueno que Dios.
