Hoy estoy en uno de esos días… No sé si por los 2 °C de temperatura a la mañana y no sé cuánto de sensación térmica, no sé si porque estoy algo resfriado, incómodo y molesto; no sé si es porque me duele un poco la cabeza (¿me estaré engripando por tercera vez?), o porque realmente “hay mucha tela por cortar.”
Sí, me saltan esas frases viejas que solo reconoce mi generación, pero bueno, tampoco voy a negar mi edad.
Hoy es uno de esos días en que no termino de decidir qué texto usar. Me preguntaron temprano si iba a hablar de tal y tal, pero no, porque además de que me hable a mí, te tiene que hablar a vos. Si no, se convierte en un programa de chimentos donde te cuento lo que Dios me habla a mí. ¿Te va a interesar? (¡Chusma!)
No se trata de enfocarme en mí, se trata de que te edifique a vos y qué edifica en vos. Dios nos pone a cada uno en pequeñas vidrieras, en distintas posiciones y ante distintos espectadores para guiarnos unos a otros, acompañarnos unos a otros, enseñarnos unos a otros, aprender unos de otros. Varias de las historias de hoy muestran cómo, ante la intervención de alguno, otro fue bendecido o recibió dirección de Dios.
Mirá, por ejemplo, Timoteo: consiguió un puestito como acompañante de Pablo gracias a las referencias que dieron de él los creyentes de la zona (Hechos 16:2). El testimonio silencioso es una doble vía: permite que la gente se acerque al evangelio y abre puertas ministeriales al creyente.
Por eso a veces hay que hacer algunos renunciamientos. La vida de Timoteo es un ejemplo clarísimo, pero no fue el único. Pablo entendía el principio de que lo más importante era el mensaje y, por lo tanto, el mensajero debía adecuarse a ese mensaje. Adecuarse al mensaje también puede significar adaptar al mensajero a la cultura del lugar para que el mensaje pueda ser recibido. Siempre recuerdo con dolor, con tristeza y también con cierta ironía la avanzada del Ejército Argentino en Malvinas en abril del 82. ¡Cero estrategia cultural! ¡Cero empatía! Convirtieron la avanzada de recuperación en una invasión conquistadora… se pusieron a la población en contra.
Los obligaron a adoptar el sentido de circulación del continente. Los británicos conducen al revés, por mano izquierda. Bueno, estos bestias los hicieron cambiar de mano a la fuerza.
Introdujeron en las islas la señal de Radio Nacional y de ATC (Canal 7 de TV)… ¡en español!, subtitulado al inglés, y pretendiendo que los malvinenses se enganchen con las películas de Palito Ortega y Carlitos Balá.
¡Qué distinto fue Hudson Taylor! El misionero británico en China siguió las instrucciones de la asociación cristiana a la que pertenecía, manteniendo su forma, su vestimenta, sus costumbres y su actitud soberbia para con los lugareños, lo que le trajo aprobación británica pero repudio y rechazo de los chinos. Hasta que Dios le habló y se invirtieron los papeles: abandonó las costumbres inglesas, cambió sus ropas por el changshan, la túnica larga típica de los chinos, se puso zapatos de tela y se peinó con queue (la coleta trenzada larga), el peinado obligatorio impuesto por la dinastía Qing a los varones.
¿Resultado? El imperio lo condenó y quiso obligarlo a volver. Los chinos lo aceptaron y recibieron el mensaje de Cristo.
El mensaje es más valioso que el mensajero, por eso el mensajero tiene que adaptarse al mensaje y a los receptores de ese mensaje, para que su mensaje pueda ser escuchado.
¿No fue el mismo Pablo que se montó sobre el paganismo para hablar de Jesús? Muchos se ofenderían hoy de verlo tomar un ídolo y usarlo como imagen de Jesús para hablarles del evangelio. ¡Ah! ¿No me creés?
“Al pasar y fijarme en sus lugares sagrados, encontré incluso un altar con esta inscripción: ‘A un dios desconocido’. Pues bien, eso que ustedes adoran como algo desconocido es lo que yo les anuncio.” (Hechos 17:23)
Sí, Pablo entendía. Tenía bien en claro: el mensaje es más importante que el mensajero, y entonces el mensajero tiene que acomodarse al mensaje y a la audiencia de ese mensaje:
“Cuando estaba con los judíos, vivía como un judío para llevar a los judíos a Cristo. Cuando estaba con los que siguen la ley judía, yo también vivía bajo esa ley. A pesar de que no estoy sujeto a la ley, me sujetaba a ella para poder llevar a Cristo a los que están bajo la ley. Cuando estoy con los gentiles, quienes no siguen la ley judía, yo también vivo independiente de esa ley para poder llevarlos a Cristo; pero no ignoro la ley de Dios, obedezco la ley de Cristo. Cuando estoy con los que son débiles, me hago débil con ellos, porque deseo llevar a los débiles a Cristo. Sí, con todos trato de encontrar algo que tengamos en común, y hago todo lo posible para salvar a algunos.” (1 Corintios 9:20-22)
Parece un trabalenguas, pero solo apunta a eso: no te fijes en vos, fijate en el otro, para ganar al otro.
Podría seguir hablándote de “los débiles en la fe” (Romanos 14:1-4) o de “lo sacrificado a los ídolos” (1 Corintios 8:4-13), pero me quedo con el verso que dio origen a esto, de la lectura de hoy:
“Así que Pablo quiso que Timoteo lo acompañara. Para evitar problemas con los judíos que había en aquellos lugares, Pablo hizo que Timoteo se circuncidara, pues todos sabían que su padre era griego.” (Hechos 16:3)
¿Te imaginás la cara de Timoteo? No era un nene… ya era un adolescente, por lo menos, y Pablo le dice: “Timy… a cortar lo que sobra…”
¿Era necesario? No. ¿Dios lo pedía? No. ¿Había que mantener las costumbres judías? No. Pero solo era para no ser de tropiezo, para encajar, para callar a los necios, a los religiosos, a los haters de la época, a los que buscaban “el pelo al huevo” (mala elección) o “la quinta pata al gato” (mejor).
A MODO DE CIERRE
El mensaje es más importante que el mensajero, así que no opaques el mensaje poniendo en primer lugar tus gustos, tus costumbres, tus caprichos o tus razones.
El mensaje es más importante que el mensajero, así que cuidá tus palabras, tu imagen, también tu aspecto y tu apariencia.
El mensaje es más importante que el mensajero, así que echale un baldazo de santidad y temor de Dios a tus redes, tus estados, tus stories, tus reels, tus trends, tus streams, tus lives. ¡Ah! Y a tus fotos de perfil.
El mensaje es más importante que el mensajero, así que recordá que “es más bienaventurado dar que recibir” (Hechos 20:35) y no calcules a cuánto renunciás sino cuánto sembrás. ¿Querés una más?
“Y todos los que por causa mía hayan dejado (quitado del primer lugar) casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos, o terrenos, recibirán cien veces más, y también recibirán la vida eterna.” (Mateo 19:29)
REFERENCIAS BÍBLICAS
Mateo 19:29
Hechos 16:2-3
Hechos 17:23
Hechos 20:35
Romanos 14:1-4
1 Corintios 8:4-13
1 Corintios 9:20-22
1 Corintios 10:32-33
2 Corintios 4:5
Colosenses 4:5-6
1 Pedro 2:15

Un comentario en “Adaptarse sin Amoldarse”