¡Identifíquese!

¿Un demonio da testimonio de Jesús?
¿Un demonio tiene mayor relevancia espiritual, una mejor posición y mayor entendimiento que los que invocan el nombre del Señor?
Pues parece que sí.

O en realidad, lo que parece es que no es tan importante la invocación, o no es tan importante conocer los rituales, los formatos y las “fórmulas mágicas”.

Conocí gente que usaba el nombre de Jesús para todo: desde orar por los alimentos hasta, a modo de reto o casi insulto, gritarle a otro simplemente diciendo “¡En el nombre de Jesús!”, como si fuera la fórmula mágica o el “ábrete sésamo” de Alí Babá y los 40 ladrones.

Sí, es cierto y más que cierto: el nombre de Jesús tiene poder; en el nombre de Jesús hay salvación y liberación. El nombre de Jesús es la garantía para presentarte delante del Padre. El nombre de Jesús es el que, según dice el Salmo 91, te pone en alto por encima de cualquier situación.

Pero que el nombre de Jesús sea una garantía no implica un resultado automático ni un uso independiente. El nombre de Jesús se activa cuando lo invocan no solo los que lo conocen, sino aquellos a quienes Él conoce.

Sí. El nombre de Jesús tiene entidad propia. Digamos que es autárquico. Es como un avatar que decide con quién conectar (me van a matar 😅).

En Hechos 19 encontramos —para algunos— la famosa historia de los hijos de Esceva, el jefe de los sacerdotes, que, conociendo lo que hacían los cristianos y cómo todo y todos se sujetaban al nombre de Jesús, vendían sus servicios para hacer liberación a domicilio.
Lo que no se esperaban era encontrarse con un demonio genuino, de los “posta, posta”, que no solo no usaba corbata (¡usaba moño! 🤭), sino que conocía a Jesús.

En el versículo 15: “El espíritu maligno les respondió: «Yo sé quién es Jesús, y sé también quién es Pablo; pero ustedes, ¿quiénes son?»”

No alcanza con conocer acerca de Jesús, tampoco con saber cómo se maneja. No es suficiente con conocer la teología ni mucho menos el origen y la aplicación de todos los “Jehová…” ni los “xxx-el”. Es necesario, como dijo Jesús, que tu nombre sea conocido en el cielo (Lucas 10:20).

¿Cómo te relacionás con el nombre de Jesús?
¿Cuánto usás su nombre?
¿Qué respuestas tuviste, qué experiencias viviste?
¿Cuánto lo conocés?
¿Cuánto te conoce…?

No basta con nombrarlo, es necesario caminar con Él.
No basta con saber quién es, que él sepa quién sos

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