No sé si me dan gracia o me provocan envidia aquellos que quieren tener todo organizado. No digo que seas un desordenado ni que vivas en la santa improvisación, sino que me refiero a los que tenemos que movernos en la obra, el servicio, el llamado; como Abram cuando Dios lo llamó.
“Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.” (Génesis 12:1)
…y pará de contar.
Me imagino a Abram: “¿Y a dónde voy?”, y la respuesta de Dios: “Después te digo”.
Siempre me pregunto: ¿y hacia dónde se dirigió? ¿Y por qué para ese lado? ¿Será que Dios le puso “el querer como el hacer”? ¿O que Dios movió los caminos para llevarlo donde Él quería?
El punto es que nunca supo… hasta que llegó.
Pedimos señales, buscamos confirmaciones, queremos certeza y seguridad. Pero la única certeza es la “de lo que se espera”, junto con “la convicción de lo que no se ve”. ¡Acertaste! Es por fe.
Ah, y de señales… Jesús dijo:
“…no tendrán más señal que la del profeta Jonás. Porque así como Jonás estuvo…” (Mateo 12:39-40)
Estuvo… La señal es el cumplimiento. La del día después. Con el diario del lunes, como se suele decir.
¿Y Pablo? ¿Tenía certezas de su camino? ¿Andaba por fe o por vista? (2 Corintios 5:7)
En un momento definitorio de su ministerio, teniendo que encarar un viaje, le dice a su gente:
“Ahora voy a Jerusalén, llevado por el Espíritu, pero no sé lo que allá me espera…” (Hechos 20:22)
No sabía lo que lo esperaba, pero así emprendió el viaje. No necesitó certezas ni señales. No pidió primera clase ni hotel cinco estrellas. Salió para Jerusalén.
¡Ah, pero sí sabía! (¿Pablo, mentiroso?)
Porque en el verso siguiente dice:
“A no ser lo que el Espíritu Santo me ha confirmado en todas las ciudades: que me esperan cárceles y tribulaciones.” (Hechos 20:23)
Sabía. Sabía que no la iba a pasar bien.
¿Eso lo detuvo? ¡Ni a palos! Avanzó sin dudar, para cumplir con su llamado.
¿Para qué te llamó?
No te hagas el tonto. Si estás ahí del otro lado, es porque Dios te llamó.
¿Cuántas señales pediste, o estás pidiendo, para hacer lo que te pide?
¿Cuánta seguridad necesitás para hacer lo que te manda?
¿Qué valor tiene el llamado y el ministerio en tu vida?
Muchos han envidiado a Pablo. Esos mismos, ¿estarán dispuestos a tomar sus mismas decisiones?
Porque prefiero dejarlo acá, pero… ¿qué dirías si te digo que Pablo pensaba que el llamado era más importante que su vida?
Pero no te lo voy a preguntar.
No pidas señales.
No busques confirmaciones.
No asegures tus pasos.
Disponete a responder el llamado del Señor.
