De Planes e Influencias

Definitivamente, el llamado de Dios para su pueblo es el de afectar. Creo que, por mucho tiempo, una incorrecta interpretación de la Biblia (eje de la doctrina y revelación de Dios) puso a la iglesia o a los creyentes en una postura de bajo perfil. Así como pasaba con el concepto de humildad, que llevó a muchos a vivir en la pobreza creyendo que agradaban a Dios de esa manera; por extensión, vivir humildemente se convirtió en no llamar la atención, pasar desapercibidos y ser “uno más”.

Si analizamos la relación entre Dios y su pueblo, desde el mismo momento de la creación, vemos que existimos para: “¡Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla;…” (Génesis 1:28).
Definitivamente es una postura de afectación. Someter no es pasar desapercibido, multiplicarse no es no llamar la atención.

También dice el Salmo 8:5-6: “Hiciste al hombre poco menor que un dios, y lo colmaste de gloria y de honra. ¡Lo has hecho señor de las obras de tus manos! ¡Todo lo has puesto debajo de sus pies!”
No se trata de vivir escondidos, ni andar con la cabeza gacha, ni pedir permiso para todo, sino que Dios nos dio autoridad para cambiar, afectar el lugar donde estamos.

Bueno, tomando justamente esos conceptos —vivir escondidos y andar con la cabeza gacha—, Jesús dijo que somos: “…la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una montaña no puede esconderse. Tampoco se enciende una lámpara para cubrirla con una vasija…” (Mateo 5:14-15), y “…tú eres mi gloria; tú mantienes en alto mi cabeza.” (Salmos 3:3)

¿Qué decirte acerca de ser “luminares en el mundo” (Filipenses 2:15), “embajadores de Cristo” (2 Corintios 5:20), “espectáculo al mundo…” (1 Corintios 4:9), “sal de la tierra” (Mateo 5:13)? En definitiva, como me gusta decir: herramientas de cambio y transformación, y catalizadores de la obra de Dios en la tierra.

¡Wow! Suena impactante, ¿no? Bueno, eso somos, eso sos. Así como el concepto básico de liderazgo se basa en la influencia, del mismo modo generamos una influencia en el lugar donde estamos. Esa es la iglesia, esa es la función de la iglesia, ese es el propósito de la iglesia. Y vos, que sos iglesia, para eso estás.

Ayer te conté un poquito acerca de Pablo en su viaje a Roma para ser juzgado. Como si fuera un capítulo de una serie, ayer nos quedamos en que estaban casi a la deriva y, a pesar de que “todos habían perdido la esperanza” (Hechos 27:20), Dios los sostuvo, porque tenía un plan. En ese contexto de crisis, desesperanza, barcos a la deriva y naufragios, Pablo, el preso, se pone en pie para animar a la tripulación y a los soldados romanos, y con total convicción les dice lo que Dios le dijo:

“Pablo, no tengas miedo. Es necesario que comparezcas ante el emperador. Dios te ha concedido que todos los que navegan contigo salgan ilesos.” (Hechos 27:24)

Dios tenía un plan, y Pablo tenía un propósito. El resto del barco no iba paralelo al propósito de Dios. Tal vez ninguno de ellos se convirtió a Cristo en ese momento ni nunca. Posiblemente todos continuaron su vida: los soldados al ejército, el capitán del barco a comprar uno nuevo, el piloto y la tripulación a buscar trabajo, los otros presos a robar y asesinar. Pero Pablo tenía un propósito, tenía que dar testimonio en Roma, y por esa razón arrastró a todos a salvar su vida en medio del naufragio.

Siempre digo que somos pequeñas piezas en la maquinaria del plan de Dios. Que Dios nos usa a cada uno en una posición específica y para una función específica. Pero no sos solo una pequeña pieza, sos la herramienta que puede cambiar el mundo a tu alrededor.

No te detengas por tus dudas y temores.
No te limites por tus limitaciones.
No mires solo lo que te falta y no te compares con nadie más.

Dios tiene un plan con tu vida, y ese plan es la garantía de las promesas que Él te dio.
A medida que camines en el propósito de Dios, y lo reconozcas a Él en todos tus caminos, el plan de Dios se cumplirá, el propósito se desarrollará, la promesa se alcanzará.

Cuando te alineás con el plan de Dios, caminás en el terreno donde sus promesas se activan.

Dios tiene un plan.
Alineate con el propósito de Dios para vos.

Dejar un comentario