Enfoque

Muchas veces me han acusado de optimista. Es cierto, me confieso culpable: me cuesta ver la parte negativa de las cosas. Tampoco te creas que es algo súper guau, ya que trae sus inconvenientes: exceso de confianza en el otro, creer que todos tiramos para el mismo lado y una pequeña cuota de negación. Sí, cuando solo ves lo bueno, caés muy fácil en el pozo de no estar viendo lo que está pasando.

Me acusan de optimista y algo es inevitable: no se puede ser lo que no se es, ni se puede “no ser” lo que se es. Te hablaba hace unos días de las apariencias, de la mona que se viste de seda y del que se disfraza de monje. No se puede “no ser” lo que se es. Por mucho que lo intentes, tu esencia siempre aflora. Por eso es importante, como dice Pablo:
“Más bien, dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar.” (Romanos 12:2, NTV)

Esto te lo digo para que entiendas que sí, soy optimista y no puedo dejar de serlo. Soy de los que no ven el vaso vacío ni el vaso lleno; peor aún, soy de los que ven que lo vacío se puede volver a llenar. Si aplico eso a mi vida personal y al ministerio: lo caído se puede levantar, lo perdido se puede recuperar, hasta lo muerto puede resucitar.

En los últimos años, y gracias a los avances tecnológicos y científicos, fui descubriendo que tan errado no estaba: pensar bien, ser optimista, tener una mirada, postura y pensamiento positivo resulta en un beneficio no solo para la resolución de un problema, sino para el cuerpo, la salud y el entorno.

Dicen que “creer en algo superior disminuye el estrés”, a lo que Pedro responde (no siempre es Pablo):
“Echando toda ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de ustedes.” (1 Pedro 5:7)

Dicen que “un pensamiento positivo puede modificar la estructura neuronal y así restaurar áreas del cuerpo”, a lo que Salomón agrega:
“El corazón alegre es un buen remedio, pero el ánimo decaído seca los huesos.” (Proverbios 17:22, NVI)

Así como con el correr de los siglos la ciencia fue confirmando lo que la Biblia dice, esta no es una novedad, sino un capítulo más. Hoy está de moda la neurociencia y la PNL (Programación Neurolingüística), pero son simplemente avances que confirman lo que Dios siempre dijo: la mente domina al cuerpo y, por lo tanto —otra cosa de las que se me acusa—, yo puedo elegir cómo me va.

Sé que suena exagerado y sé que para algunos resulta más sencillo que para otros. Otra vez: no se puede no ser lo que se es, ni ser lo que no se es. Pero creo que, si Dios lo dice, ese debe ser el fundamento más que suficiente.

Hay personas que son negativas, que siempre ven o encuentran lo malo. Hay personas que, en medio de la crisis, encuentran la salida; y otras que, en cada salida, encuentran una crisis. Están los que dicen: “Está todo mal, pero podemos salir de esta”, y los que dicen: “Podemos salir de esta, pero está todo mal”. ¿Mismas palabras? Mismas palabras, pero con un efecto y resultado totalmente distinto, a 180°, tan lejos como el sol y la luna que nunca se encuentran (pero a veces se encuentran, ¿viste?).

Digo, pienso, me parece… Si Dios dice: “Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza.” (Filipenses 4:8, NTV)
…en vez de pensar en cosas negativas, significa que podemos hacerlo.

¿Vos creés que Dios te va a mandar a hacer algo que no puedas hacer? ¿Vos creés en esa clase de Dios? Al contrario, como siempre digo: el solo hecho de que Dios te llame o te pida algo demuestra que tenés la capacidad y condiciones para hacer o responder a lo que Dios te llamó o pidió.

¿Dios te pide que pienses de determinada manera y no de otra? Hacelo. ¡Podés! ¿Acaso no dice también: “¡Renuévense en el espíritu de su mente!” (Efesios 4:23, NVI)

¿Andás bajón? ¿Andás pinchado? ¿Estás “saturado”, “pasado de rosca”? ¿De “capa caída” o “pateando tachos”?
Eeeeh… ¿te duelen los huesos, artrosis, artritis, osteoporosis?

Probá cambiar tu enfoque, dejar de mirar lo negativo, prestar más atención a lo positivo, cambiar tu manera de pensar.

¿Te cuesta tener un “corazón alegre”? ¿Tenés tendencia a lo opuesto? Hay provisión para todos: A-LI-MEN-TÁ tu mente de cosas que te alegren y corré la mirada y los oídos de lo que te angustie.

Me acusan de optimista, ok. ¡Lléveme preso oficial!

Vos decidís cómo te va.
Se puede vivir de otra manera…

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