Gracia y Fe

¿Somos salvos por fe o por gracia?
¿Qué es la fe? ¿Qué es la gracia?

Estoy muy tentado a meterme casi en un estudio teológico sobre la fe, pero creo que no daría mucho fruto. Bueno, sí… fruto de conocimiento, de revelación, tal vez incluso de afirmación. Y si fuera así, estaría bien, sería suficiente. Pero también podría quedar en un simple debate más, para acumular información. Y creeme que eso, en definitiva, no sirve para nada.

¿Pensaste la respuesta? ¿Somos salvos por fe o por gracia?

Normalmente respondemos: “por fe”. Pero no es por fe, sino por gracia. La prueba está en Efesios 2:8: “Porque por gracia son salvos, por medio de la fe…”

La fe no es la fuente de la salvación, la fuente es la gracia: ese “favor inmerecido” que recibimos de parte de Dios solamente por amor, y no por ningún mérito. La fe es el medio por el cual accedemos a esa gracia. La fe me permite creer que Jesús murió por mí, y entonces se activa la gracia: el regalo de Dios.

Por eso Pablo también aclara que esa fe no es nuestra, aunque es nuestra. O sea, yo tengo fe… pero no proviene de mí: “Esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios” (Efesios 2:8) Y termina, cerrando la idea: “…para que nadie se jacte.” (Efesios 2:9)

(Y sí… estoy haciendo teología nomás…)

Nada de lo que hayas recibido de Dios fue porque lo merecías. Sí, podés ser muy buena persona, un pan del cielo, un angelito de Dios, más bueno que Lassie y más compasivo que Superman o Supergirl… pero eso no conmueve a Dios.

Tus buenas obras no te aseguran bendición, ni te dan la entrada al cielo. (Así como tus fracasos tampoco te quitan lo que Dios ya te dio). Todo lo que recibís de Dios, lo recibís porque Él quiere dártelo. Y como Dios no cambia (Santiago 1:17), nada lo hace cambiar de parecer.

Todo lo que recibiste, lo recibiste por la fe. Pero no porque la fe tenga un poder mágico. La fe no es un talismán ni una varita mágica. Es la conexión con la gracia y con lo que Dios ya decidió hacer. Seguramente escuchaste decir que “la fe mueve la mano de Dios”… ¡pero no es así! En todo caso, la fe activa la mano de Dios en lo que Él ya quería hacer.

La fe proviene de Dios, para creer en Dios y para creerle a Dios. Como te dije: no es mi fe. No es tu fe.
Es el canal que Dios nos dio para acceder a su gracia.

“La promesa se recibe por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia…” (Romanos 4:16)

Recibís el regalo de Dios por la fe, y eso hace que funcione la gracia. Y si funciona la gracia, la bendición se transmite de generación en generación.

La fe tiene poder para cambiar las cosas. No por un poder propio, sino por la activación del poder de Dios. “Dios… llama las cosas que no existen, como si existieran.” (Romanos 4:17). No merecías salvación… pero Dios te llama salvo.

La misma fe que te pone delante de Dios puede también cambiar tus circunstancias y tu alrededor:
llamar a las cosas que no existen como si existieran.

Entonces, te pregunto: ¿Con qué ojos estás mirando tu vida?
¿Con qué ojos creés que Dios la mira?
¿Es por la gracia o por el mérito?
¿Es por tus obras o por tu fe?

¿Cómo estás mirando lo que te falta, lo que te cuesta, lo que no alcanza?
¿Desde tus recursos, tus posibilidades, tus límites?
¿O desde la gracia que es por fe?

Hablá a las cosas que no existen como si existieran.
Es por la fe… para que sea por gracia.

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