Comprobación

La vida es una carrera de postas. Si observamos en detalle, vamos cerrando ciclos y pasando etapas a partir del día que nacemos… hasta el último día sobre la tierra. Algo muy particular de la carrera de postas es que la siguiente etapa no puede comenzar hasta que se finaliza la primera. O sea, no existe eso de “quemar etapas”, porque si lo hacés vas destinado a fracasar.

Literalmente, “pasar la posta” es entregar al siguiente corredor la llave para continuar. En nuestro caso no hay otro corredor, sino una nueva etapa.

Imagino la tensión del que espera. Bueno, tal vez porque no me gusta esperar, pero el tipo está esperando que llegue el otro para poder iniciar su parte. ¡Decime si eso no es tensión! Adrenalina y stress a la orden del día. Como ocurre en los trabajos que dependen de un relevo… hasta que no llegue tu reemplazo, no podés cortar, aunque tu horario haya terminado, aunque tengas un compromiso, aunque sea injusto y viole tus derechos: hasta que no llegue el relevo, no te podés ir.

En ambos casos hay una observación constante. El que está terminando observa al siguiente; el que sigue observa al que termina, y se van controlando mutuamente. Al final, te sentís en una vidriera o dando un examen.

No está tan lejos de nuestra realidad. Cuando decidimos seguir a Cristo, estamos bajo observación constante. Somos, en cierta manera, un espectáculo. Como en los viejos circos romanos: “la plebe”, “los ciudadanos” y “los nobles” nos ven pelear esta carrera de postas, viendo si salimos del laberinto, si esquivamos los obstáculos, si escapamos de las fieras. Pablo lo dice así: “Hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres.” (1 Corintios 4:9)

Pienso y digo: ¿tan lindos somos que se nos considera un espectáculo? ¿Tan buenos seremos en lo que hacemos que somos dignos de admirar? ¿Se hablará tan bien de nosotros que vienen a ver qué hay? ¿O será que están apostando para ver hasta cuándo soportamos y cuándo nos caemos?

Sea cual sea la razón, decidir por Cristo te pone en la vidriera. Y he aprendido con los años que cosas que a otros se les permite y no se les juzga, a nosotros se nos observa con microscopio. Me enoja, ¡me molesta! Pero me parece bien. Después de todo, Pedro dice que “el juicio comience por la familia de Dios”, (1 Pedro 4:17) y que aún nuestra fe va a ser “sometida a prueba” (1 Pedro 1:7) para demostrar “que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele” (ídem).

Es el efecto “evangelismo silencioso”: hablar menos y hacer más; decir menos y mostrar más. Que lo que digamos, creemos, profesamos… encuentre un reflejo en lo que hacemos, cómo nos movemos, cómo nos portamos.

A veces podemos creer que con recitar versículos alcanza, pero la gente no escucha versículos.

Algunos pretenden sorprender con milagros, pero la gente no cree en los milagros.

Algunos quieren sembrar temor por el fin del mundo, pero la gente ya no cree en profecías apologéticas.

Y si bien que no crean no invalida el hecho, nuestra responsabilidad es comunicar de manera tal que el mensaje sea recibido y escuchado.

La gente no hace caso de palabras, ni de señales, ni de temores… sino de reflejos: “…que la luz de ustedes alumbre delante de todos, para que todos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre, que está en los cielos.” (Mateo 5:16)

La fama de Salomón se había extendido de tal manera por todo el mundo que, desde países lejanos, venían a conocerlo y admirarlo. Pero no solo a conocerlo y admirarlo, también a probarlo:

“Cuando la reina de Sabá supo de la fama de Salomón, llegó a Jerusalén para ponerlo a prueba y hacerle preguntas difíciles…” (2 Crónicas 9:1)

Después del examen, ella dijo: “Yo no podía creer lo que me contaban, hasta que vine y lo vi con mis propios ojos. Y lo cierto es que ni siquiera me habían dicho la mitad de tu gran sabiduría. ¡Tu fama excede a todo lo que yo había oído!” (2 Crónicas 9:6)

Sí, los hechos hablan más que las palabras. Así que ponete contento si están investigando, observando, analizando tus acciones. Sos una mercadería en exposición: no te quieren comprar a vos, sino tu testimonio, para poder creer si es verdad que cambiaste, o que tenés paz, o que sos feliz. Ahora…

Si tus actos van en sentido contrario de tus palabras… ¡Arrepentite! (que significa “cambiá de dirección”) y conectá lo que decís con lo que hacés.

No actúes para una audiencia. Viví para el Señor. Cuando todos te miran, vos miralo a Él. Que cuando la gente te mire, no vean un espectáculo vacío ni una actuación forzada, sino una vida real, coherente, transformada.

La vida es una carrera de postas. Viví tu etapa con dedicación, con esfuerzo, con excelencia. Que todos vean en vos una vida transformada… y descubran que sí, se puede vivir de otra manera.

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