Primero, lo primero

Voy a ponerme en riesgo de que me digan anticuado. Siempre me jacté de tener un pensamiento abierto, de avanzada y de vanguardia. Todavía tengo sueños futuristas, en los cuales me fascinaría vivir en el mundo tecnológico de un futuro probable, en unos 200 o 300 años tal vez (que no creo que llegue a ver). Soy amigo de la tecnología y casi siempre estoy probando los nuevos descubrimientos en el área. Soy amigo de la Inteligencia Artificial (así evito ser encarcelado cuando domine el mundo) y la utilizo constantemente. Pero, a pesar de todo eso, puedo parecer anticuado.

Una cosa es verdad. Aunque no parezca, ya no tengo 20 años, ni 30… Bueno, este año cumplo los 60, y eso hace que me conecte más con la música de los ’80 que con las burradas de Bad Bunny. Eso incluye los temas cristianos de los ’90, cuando me convertí, pero también me gustan —y mucho— las producciones modernas y el worship (aunque muchos lo rechacen y desacrediten). Puedo estar escuchando en una misma lista a Danilo Montero, Dany Berríos o La gran tribulación de Stanislao Marino, junto con Bethel, Elevation Worship, Grupo Grace u Oasis. Pero me van a decir anticuado.

Los tiempos cambian y uno debe adaptarse. Perfecto. Ya no predico con Biblia, sino con tablet (¡alerta religiosos!), tenemos luces de colores en la iglesia y somos activos en redes sociales. Creo que se terminó la época de la campaña evangelística (otro alerta religiosos), a la que solo asisten los apartados y las congregaciones convocantes; que el milagro ya no gana a nadie, y que la iglesia debe convertirse en una alternativa, no en un lugar místico que le cierre la puerta a algunos según el parámetro del ujier de turno.

Pero algunas cosas no pueden cambiar. ¿Se pueden engendrar hijos online? ¿Acaso los embarazos duran 4 meses ahora? No digo que amases ravioles o fideos, pero ¿te conformarías comiendo cápsulas alimenticias como en el espacio?

Como eso, hay muchas cosas que deben seguir su rumbo normal. Los cambios de época hicieron que, por ejemplo, las relaciones de pareja se concreten más rápido, pero que más rápido también se separen; que el romanticismo sea escaso y ceda su lugar al erotismo; que el mismo erotismo se haya convertido en degradación moral, perdiendo todo rasgo de pudor y respeto. (¡Te dije que me ibas a decir anticuado!)

Antes ahorrabas para poder tener algo y poder casarte. Hoy te juntás y después ves cómo la peleás.
Antes te concentrabas en tus estudios para terminar tu carrera y tener un buen trabajo. Hoy buscás algo rápido que no interfiera con tu vida.
Pero las cosas tienen un orden. No sé si decir que hay un “orden natural de las cosas”, porque eso me ganaría alguna otra acusación, pero las cosas tienen un orden.

Salomón dijo que “todo tiene su tiempo” (Eclesiastés 3:1 en adelante), y aunque andaba medio descarriado, la verdad es que… todo tiene su momento.
También dijo que “tiempo y ocasión acontecen a todos…” (Eclesiastés 9:11), así que hay un momento para cada cosa.

¿Me pongo en pareja y después estudio?
¿Me caso y después salgo con amigos?
¿Me voy a vivir solo y después busco trabajo?
¿Me voy de vacaciones y después veo cómo lo pago?

Sí… puede ser, como también puede ser que esa sea la puerta para la miseria y el fracaso. Ese Salomón que hoy nos ocupa dijo en otra ocasión (estaba más centrado): “Un corto sueño, una breve siesta, un pequeño descanso, cruzado de brazos… ¡y te asaltará la pobreza como un bandido, y la escasez como un hombre armado!” (Proverbios 24:33-34).
Que no lo veas venir no indica que no viene, pero que no te prepares indica que te va a tomar desprevenido.

Por eso es muy apropiado el consejo de Proverbios 24:27: “Prepara primero tus faenas de cultivo y ten listos tus campos para la siembra; después de eso, construye tu casa.”

¿Te explico? Antes de edificar tu casa, algo loable y beneficioso, hacete de los recursos que te provean para ese trabajo. Ahí aparece la cosecha, porque vendiendo el grano vas a hacerte de un buen número. Después (y antes también) prepará la nueva siembra, porque sin siembra no hay cosecha. Es más, no podrías haber cosechado sin haber sembrado antes… (Esto es Educación Financiera, este versículo es uno de los puntos en la Serie “Principios para Sanar la Economía”)

Las cosas cambian, pero no todas cambian. Esta época de hiperinformación cambia nuestra manera de relacionarnos con el mundo, pero hay algunas etapas que no podemos saltar.

Los zoológicos se inventaron para que “el mundo civilizado” conozca a las bestias salvajes del continente negro. Hoy ya no tienen ningún sentido.

Cualquier adolescente de hoy sabe más de sexo que lo que nuestros padres aprendían recién cuando se casaban (es más, ahora existen también los “preadolescentes”).

No quemes etapas.
No saltes etapas.
No evites etapas.
No escapes a los procesos y no adelantes los tiempos.
No los apures para vivir la vida de otro, porque si lo hacés… ¿quién va a vivir tu vida?

Los tiempos cambian, las cosas cambian, pero algunas no cambian.
Hacé primero lo que tiene que hacerse primero. Poné en primer lugar lo que ahí tiene que estar.

Cada etapa de la vida es buena y beneficiosa cuando se la aprovecha de la manera correcta.

“Dios hizo todo hermoso, en su tiempo” (Eclesiastés 3:11).

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