Hay distintas maneras en que una persona puede hacerse de algún bien. Me refiero a la forma de adquirir algún bien material, alguna posesión.
Obviamente, la forma común, lineal, directa, habitual, es pagar y comprar. Pero te sorprenderías de las distintas formas en que podés tener algo, así también como de los distintos medios de pago disponibles en la actualidad.
Podés heredar una casa (o dinero para comprarla).
Podés ganarte un sorteo, o que te paguen con bienes por un trabajo realizado.
Podés haber ganado en las cartas, en una apuesta, o tal vez por una deuda.
Podés usar la “usucapión”, alcanzar la posesión de una propiedad con deudas impositivas, pagando esas deudas.
Eso la Biblia lo llama redención: el pago de un objeto o persona para liberarlo de sus deudas o esclavitud.
Sí, acertaste, cuando le dicen a Jesús “Redentor”, es precisamente por eso: Él pagó una deuda de esclavitud, y como el que paga es dueño de lo que paga… descubriste el significado de “Señor”.
“Señor” tiene cierto tono de autoridad, proviene de los rangos nobiliarios: además de reyes y príncipes están los barones, condes, duques, señores. “Señor” significa dueño.
Entonces, tenemos que el que paga, compra; el que compra, es dueño; el dueño toma posesión; el dueño es Señor.
Jesús es Señor.
Jesús pagó.
Jesús compró.
Jesús es dueño.
Dice Romanos 14:9: “Porque para esto mismo Cristo murió y resucitó: para ser Señor de los vivos y de los muertos.”
Hay distintas formas de adquirir posesiones.
Hay distintos métodos de compra.
Hay distintos medios de pago.
Antes te recargaban por el pago con tarjeta, hoy te descuentan por el pago en efectivo.
Hoy se usa mucho la billetera electrónica.
Hoy es más habitual la “transferencia” que el pago físico, con billetes reales de esos que se pueden tocar con los dedos.
Jesús pagó con sangre. No virtual, no electrónica: con sangre real.
Dios tiene derechos de posesión sobre tu vida (y la mía) por tres fundamentos:
- Derecho de creación: Él te hizo, Él es tu dueño.
- Derecho de provisión: Él te sostuvo, te sostiene, es tu proveedor y, por lo tanto, quien te mantiene.
- Derecho de redención: Él pagó por tu vida, y entonces es tu dueño.
Eso cambia nuestra percepción de la vida en general, y de nuestra posición delante de Dios en particular:
Él es tu dueño y el que decide por vos.
