“Mediocre” suena peor que “mediocridad”, ¿no? “Mediocridad” suena a una forma de comportamiento, mientras que “mediocre” casi que es un calificativo despectivo de una cosa o persona. (Nos pusimos filosóficos).
Hubo un momento en mi vida en que cambió mi pensamiento y entendimiento sobre el concepto de mediocridad. Antes de eso, me parecía una conducta aceptable, hasta diría ideal. Siempre fui autodidacta en muchas de mis ocupaciones, entonces creía que “mediocridad” era tener cultura general: saber un poco de todo, picotear en cada cosa, estar en la “media” de la población.
Pensaba que era ser “ni muy muy, ni tan tan” (a decir de las abuelas, las de mi generación), hasta que un rayo de luz de sabiduría me iluminó.
Alguien dijo ese día: “ser mediocre es ser el mejor de los malos y el peor de los buenos”, y se me cayó toda la estantería. Ya no era algo tan cómodo; ahora empezaba a molestar. Ya no era ser promedio, sino… ser mediocre. No malo, pero tampoco bueno. Mediocre.
En varias ocasiones la Biblia nos habla del crecimiento. Crecer espiritualmente no es una opción, sino casi un mandato. No quiero decir “mandamiento”, porque va a sonar a obligación religiosa, pero es una obligación. Si miramos a Jesús, Lucas dice que “…crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.” (Lucas 2:52). Pablo dice también “…que todos lleguemos…, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo…” (Efesios 4:13). Pedro va directamente al hueso diciendo: “crezcan en la gracia y el conocimiento…” (2 Pedro 3:18); y Salomón hace un “corta la bocha”, definiendo la vida cristiana como “…la luz de la aurora, que va en aumento hasta alcanzar la plenitud del día.” (Proverbios 4:18).
Resumiendo: la mediocridad es inversamente proporcional a la vida cristiana. Estás llamado, obligado, a crecer, desarrollarte, avanzar, progresar, prosperar.
Dice también Salomón, siendo coherente con su discurso: “…el desvío de los simples los matará, y la complacencia de los necios los destruirá.” (Proverbios 1:32).
La Biblia llama “simples” a los que se conforman con su condición. Algunas versiones traducen “necios”, entendiendo que son “faltos de entendimiento”. Son esa clase de personas que dice Proverbios 1:22: “¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, y los burladores se deleitarán en hacer burla, y los necios aborrecerán el conocimiento?”, que invierten su tiempo en tonterías, pavadas, burlas, y solo buscan diversión en vez de procurar su formación y progreso.
Esos mismos necios, dice 1:32, son los que aprueban la conducta descarriada, sin propósito, sin visión; y su consecuencia será la destrucción. Son los que prefieren trasnochar en vez de estudiar, que si madrugan es para ver o jugar fútbol, que se burlan de los que se esfuerzan o de los que no tuvieron determinada cantidad de parejas o encuentros sexuales.
Son los que viven por vivir. “Porque el aire es gratis”, decían también aquellas abuelas. Son, en definitiva, mediocres.
Obviamente, no puedo ni debo juzgar qué hace cada uno con su vida ni qué decisiones toma sobre su crecimiento personal, pero…
¿Qué encabeza tu orden de prioridades?
¿Cuánto tiempo le dedicás a formarte, prepararte, crecer?
¿Qué importancia tiene para vos tener una profesión o un oficio?
¿Qué cosas te importan?
Si tuvieras que hacer una estadística de tus publicaciones en redes —y sobre todo de tus estados de WhatsApp e historias de Instagram—, ¿qué información recoge el algoritmo de lo que vos posteás?
¿Qué temática resulta de tus publicaciones?
Más simple… ¿Qué dicen tus estados y “stories” de vos?
Somos espectáculo, somos vidriera… ¿te acordás?
Mediocridad: “lo mejor de lo malo, lo peor de lo bueno”.
¡Ay!
