Test de eficiencia

¿Cómo chequeás el funcionamiento de un sistema? ¿Cómo probás un motor 0 km? ¿Cómo sabés si la reparación que hiciste dio resultado?
Hubo, hay y habrá solo una manera: el test.

Recuerdo mis primeros pasos en programación, prueba piloto en las escuelas industriales del país allá por los 80. Enseñanza de lenguaje BASIC, hoy desconocido por la mayoría. Escribías un par de líneas de código (¡re simples, eh!), hacías el diagrama de flujo, determinabas la función que iba a cumplir y entonces… guardar y escribir “RUN”.

Más o menos una década después, ya mediados de los 90, algo similar, pero ahora creabas un archivo ejecutable o autoejecutable, para activarlo o hacer que inicie solo en algún momento. Eran los .bat, .exe, que hacían funcionar la programación.

Prueba. En todo hace falta la prueba. A veces hacer trabajar, otras buscar el punto de fatiga, “probar” para saber si funciona, cómo y hasta cuándo.

A veces la prueba lleva al stress, precisamente una maquinaria debe llevarse al punto de stress para ver su resistencia. Casi como cuando te hacen un estudio de EPOC, una ergometría, o una prueba de fatiga de materiales en ingeniería.

Cuando pasás por la experiencia, realmente no es cómodo ni agradable. Tal vez te sentís caer, podés pensar que no das más… hasta que terminó. Y saliste aprobado… o no.

Eso dice Pedro hablando de la fe, que “siendo más preciosa que el oro”… “es probada”… “para ser hallada en alabanza y honra” (1 Pedro 1:7).
Imaginate que si dice eso en cuanto a la fe —que no es nuestra, sino de Dios en nosotros— ¡cómo no va a ser probada nuestra intención, determinación, dominio propio, etc.!

Por eso no me extraña, y me golpea, cuando Crónicas dice que Dios probó a Ezequías “…para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón.” (2 Crónicas 32:31)

Es interesante que dice “hacer conocer” y no simplemente “conocer”, y es razonable (Dios es razonable, racional y lógico): si Dios sabe todas las cosas, no necesita probarnos. Pero nosotros necesitamos conocernos y saber de qué somos capaces.

Parece casi cruel, pero no lo es. Dios no te deja abandonado a tu suerte, sino que claramente dice que “…junto con la prueba les dará la salida, para que puedan sobrellevarla.” (1 Corintios 10:13).
Así que, en la misma prueba está la solución, el escape, la respuesta.

A veces la salida es solo tener fe —esa que fue probada—, esperar a que el proceso surta efecto, creer que Dios está a tu lado y te va a “sacar a abundancia” (Salmo 66) y dejarte en una mejor condición de la que te encontró.

Dice 2 Crónicas 32:7: “¡Ánimo! ¡Esfuércense y no tengan miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que viene con él! ¡Con nosotros está alguien que es más poderoso!”

No te voy a preguntar, lo voy a afirmar: estás siendo probado, estás siendo procesado, estás siendo tratado.
Pero no estás solo: estás siendo llevado al siguiente nivel.

Dejar un comentario