Más que renovados

Y tengo que caer en lo obvio. Digo, para los que seguimos el plan de lectura diaria anual. Nunca quiero caer en el “lugar común” de usar el versículo conocido, o popular, o famoso. Es un tema mío, lo sé. No hay versículos con más poder que otros (¿o sí?), ni más importantes que otros (¿no?). Entonces, estaba buscando entrar por otro lado.

Te iba a hablar de preparación y tiempos. Te iba a decir que no hay que esperar que se den todas las condiciones para hacer algo, porque muchas veces las condiciones van apareciendo sobre el hacer (sobre la marcha), o en consecuencia de ese hacer.

Cuando esperamos que el viento sople, la nube se corra, la lluvia se aleje, la tierra esté lista, la semilla madure y, si querés también, que una odalisca te apantalle… lo más probable es que no siembres. Como dice Eclesiastés 11:4.

Te iba a cerrar con Esdras 3:6, que dice: “El pueblo empezó a ofrecer holocaustos desde el primer día del séptimo mes, aunque todavía no se habían echado los cimientos del templo.”
Se supone que para hacer sacrificios hace falta el templo. Al día de hoy, Israel está esperando la construcción del tercer templo para, nuevamente, ofrecer sacrificios a Dios. Pero para Esdras era más importante la adoración, la ofrenda y la consagración que la estructura religiosa.

Pero no te voy a hablar de eso.
Voy a ir al “verso fácil” (ironía…) porque, después de todo, es lo que Dios me habló. Me viene hablando. Nos viene hablando: ya no sos lo que eras, ya no sos quien eras. Sos una persona nueva. Sos una nueva creación.

Pablo está en pleno debate con los Corintios. Sigue confrontando sobre la sabiduría, el entendimiento, el conocimiento, y el valor espiritual de todo esto.

Ayer les decía (nos decía) que los sabios del mundo serán avergonzados por los tontos (los cristianos), porque los valores espirituales pasan por otro lado, no por la capacidad, los títulos y la posición.

Ahora les “moja la oreja”, explicando por qué les cuesta tanto entender. Porque ellos serán sabios, filósofos estoicos y epicúreos, pero no tienen a Cristo, y por eso “no entienden nada” (1 Corintios 2:14).
Nadie puede conocer la mente de Dios (los griegos tenían todo un tema con la nous, la mente. Decían que era el camino a la eternidad). Si es así, ¡están perdidos!

Y remata: “Ustedes no conocen la mente de Dios, nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16).

¡Chan y rechán!
Les dijo burros, y que nosotros somos seres casi especiales y transformados.

Ayer te decía que realmente no somos tan buenos como nos gustaría, y que otros son mejores. Es así, es lo que hay.
Pero vos tenés la mente de Cristo.

Tener la mente de Cristo es pensar como Él.
Tener la mente de Cristo es ser guiado por el Espíritu.
Tener la mente de Cristo es poner en primer lugar las cosas y la obra de Dios.
Tener la mente de Cristo es la garantía de que cualquier pensamiento opuesto a “la forma de Dios” no es tuyo, sino de tu vieja naturaleza.

Redondeemos acá:
Ya no sos lo que eras, ya no sos quien eras. Sos una nueva persona, con una nueva expectativa, una nueva visión, una meta nueva, un propósito nuevo y una nueva razón de existir.

¿A dónde te llevan tus pensamientos?
¿Cuáles son tus metas?
¿Cómo manejás las crisis y los problemas?

No esperes que las cosas se acomoden.
No dependas de las condiciones.
Ya no sos el que eras.
Sos una nueva persona. Sos una nueva creación. ¡Tenés la mente de Cristo!

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