De mañas y fuerzas

Dicen que “más vale maña que fuerza” y la experiencia muestra que es así. ¿Te acordás del cuento de la tortuga y la liebre? Es lo mismo: no era tan importante la capacidad sino la destreza, la estrategia, la determinación y el enfoque.

También la Biblia usa este concepto, pero por supuesto con palabras más profundas. Salomón, el máster de la sabiduría, escribió: “La sabiduría puede más que la fuerza, aun cuando la sabiduría del pobre sea menospreciada y no se preste atención a sus consejos” (Eclesiastés 9:16) y en Proverbios 24:5: “Es mejor ser sabio que ser fuerte; es mejor tener ciencia que mucha fuerza.”

Pero, ¿alcanza con la maña, la sabiduría o la estrategia? En principio, tengo que decir que sí. Por un lado, porque es lo que la Biblia dice y, perdoname, pero si la Biblia lo dice así, es (sí, soy dogmático). Pero no solo por fe, dogma u obediencia, sino también por experiencia. Es así. Pero la experiencia (muchos peros) también me dice que, siendo así, no siempre es así; que hace falta disposición, decisión, acción.

¿Te acordás de: “en todo lo que tiene que ver con lo que esperás recibir de Dios, lo que Dios te prometió y lo que Dios tiene para vos, se requiere de tu intervención”? No recuerdo en qué momento nació esa frase, pero a medida que pasa el tiempo, cada vez la veo más reflejada en la vida diaria y también en la palabra de Dios (otra vez la Biblia).

Salomón también escribe: “El corazón alegre alegra el rostro; el corazón dolido abate el espíritu” (Proverbios 15:13) y “El ánimo del hombre le sostiene en su enfermedad, pero ¿quién levantará al que tiene el ánimo abatido?” (Proverbios 18:14).

Según las palabras de este coach del entendimiento del siglo X a. C. (¡mil años antes que Jesús!), además de fuerza y estrategia, hace falta un buen ánimo.

¿Qué es el buen ánimo? Usamos esa expresión cuando vemos a un enfermo que está mejorando o a alguien que sufrió una desgracia y se está levantando. Pero el buen ánimo es más que eso; es, como ya te dije más arriba, determinación y enfoque.

Determinación, para ver el más allá sin detenerte en el aquí y ahora. Como Moisés, tener la mirada puesta en “el galardón” (Hebreos 11:26) y no en las aflicciones del momento. Pablo dice sobre esto: “…esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2 Corintios 4:17).

Enfoque, casi por la misma razón, para mirar solamente la meta a alcanzar, sin detenernos ante las complicaciones que puedan (¡que van!) acontecer. Fijate en Nehemías, que dice en 4:6: “Hemos reconstruido la muralla hasta la mitad de su altura; casi hemos terminado la obra porque tu pueblo tiene ánimo para restaurarla.”

Y con este me quedo: avanzaron en la obra y llegaron a la mitad, no por capacidad —que tal vez la tendrían—; no por fuerza —que seguro la necesitaban—; no por necesidad —ya que, como estaban, estaban bien—; no por látigo —porque eran esclavos, pero Nehemías no era un déspota ni su amo—, sino “porque tuvieron ánimo”.

Ya se lo dijo Moisés al pueblo: “Esfuércense y cobren ánimo; no teman, ni tengan miedo,… contigo marcha el Señor tu Dios, y él no te dejará ni te desamparará” (Deuteronomio 31:6). Ya lo dijo Dios por boca de Isaías: “No tengas miedo, que yo estoy contigo; no te desanimes, que yo soy tu Dios. Yo soy quien te da fuerzas, y siempre te ayudaré; siempre te sostendré…” (Isaías 41:10). Ya lo dijo David: “Pon tu esperanza en el Señor; cobra ánimo y ármate de valor, ¡pon tu esperanza en el Señor!” (Salmos 27:14).

Yo puedo entender cuando estás desanimado. Más de lo que te creés. ¿Pensás que nunca me pasó?

Yo puedo entender cuando no tenés razones para levantar la cabeza.

Yo puedo entender cuando te quedaste sin fuerzas por fracasos y frustraciones.

Yo puedo entender cuando no ves resultados a tanto esfuerzo.

Yo puedo entender cuando pensás que no vas a poder.

Yo estuve ahí, conozco ese camino, me senté en esa esquina y dormí en esa habitación.

Pero no es por ahí.

¿Sabés qué dijo Jesús en esos casos?

“¡Ten ánimo, hijo! Tus pecados te son perdonados.” (Mateo 9:2)

“¡Ten ánimo, hija! Tu fe te ha sanado.” (Mateo 9:22)

“¡Tengan ánimo! Soy yo. No tengan miedo.” (Mateo 14:27)

“En el mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33)

Te repito, yo te puedo entender, pero con eso no hacemos nada… con eso no cambia nada.

La cosa cambia cuando te disponés, cuando te determinás, cuando te enfocás, cuando dejás de mirar lo que te falta y mirás al que te llama y te manda, cuando dejás de calcular tus fuerzas y descansás en las de Él, cuando, a pesar de “ya no dar más”… ¡te levantás!

¿Qué estás mirando?
¿En qué te estás enfocando?
¿Qué fuerzas estás calculando?

“Más vale maña que fuerza”;
Más vale ánimo que estrategia…

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