Es un principio de la vida misma. Esto no es cuestión de ser espiritual, carnal, natural ni nada. Es así: cada vez que vos tomás la decisión de cambiar tu vida, algo pasa alrededor.
Y lo que pasa no suele ser una vía abierta, sino todo lo contrario: comienza la oposición, las trabas, las pruebas. Junto a eso, empiezan las discusiones religioso/espirituales para analizar la situación. A saber:
- Si hay impedimentos, es de Dios, porque el diablo está enojado.
- Si hay impedimentos, no es de Dios, porque el Señor nos está bloqueando el paso.
Te confieso que viví y conviví con estas dos posturas por muchos años, que también van acompañadas de: “no preguntes por qué, sino para qué”. Frases sin contenido que tienen un aire de espiritualidad, pero que no te dejan nada ni te llevan a ningún lado más que al conformismo o a la mediocridad.
Me acordé de otra:
—“¿Cómo estás, hermano?”
—“¡En la lucha!”
—“¿Arriba o abajo? ¿Pegando o recibiendo?”
Otra vez lo mismo: convertir al evangelio en una lucha de poder contra las fuerzas espirituales de maldad, a las que acusamos de impedimento para crecer, avanzar, desarrollarnos. ¿Nunca escuchaste “el diablo hizo que llegara tarde…” etc., etc., etc.?
Lo importante no es si estás arriba o abajo, si preguntás “por qué” o “para qué”, sino entender que siempre, absolutamente siempre, cada vez que te quieras levantar, va a aparecer la oposición.
La cuestión pasa por otro lado: ¿qué hacés en esa situación?
Diría Ricardo Arjona: “el problema no es problema”, a lo que yo agrego: “el problema no es problema, sino cómo actúo ante el problema”. ¿Leíste Fracasados? Se trata precisamente de eso: de cómo actuamos ante las cosas que pasan, las malas decisiones, los desvíos y los errores.
¿Qué hacés ante la oposición?
Nehemías es un ejemplo. Amo el libro de Nehemías y lo tengo a él en la lista de los que voy a abrazar en el cielo. Esdras es un tipazo también, eh… pero Nehemías me cae mejor; como que lo veo “más argento”. Encaró un proyecto sin tener idea de cómo hacerlo, se puso el manto de gobernador siendo un esclavo y copero, se presentó ante la gente muy parado en sí mismo, sin saber cómo empezar la obra.
¿Cómo querés que te presente el tema? Tengo dos opciones:
- Dios estuvo con él, pero tuvo mucha oposición.
- Tuvo mucha oposición, pero Dios estuvo con él.
Según cómo te enfoques, según cómo lo veas, es como lo vas a experimentar y como lo vas a sentir o a sufrir. El problema no es problema, sino cómo actuás ante el problema.
En 6:9 cuenta que “nuestros enemigos querían amedrentarnos y desanimarnos para que no termináramos las obras de restauración”.
Te doy otros ejemplos:
Cuando Jacob tomó la decisión de hacer su camino, su suegro le puso trabas (Génesis 31:3-7).
Cuando Moisés quiere liberar al pueblo, Faraón pone mayores trabas y obstáculos (Éxodo 5–14).
Cuando David empieza a ser reconocido, Saúl busca matarlo (1 Samuel 16–31).
Cada vez que tomás la decisión de levantarte, de ordenarte, de restaurar tu vida, aparecen los obstáculos, aparece la oposición.
Dejemos a los demás, vamos con mi amigo. ¿Qué hizo Nehemías? ¡Los mató con la indiferencia! Bueno, no, no tan así… no fue indiferente, sino que los enfrentó “ninguneándolos” (no encuentro otra palabra):
“Los hombres como yo no corren a esconderse. ¡Y menos en el templo! ¡No por salvar mi vida voy a esconderme!” (Nehemías 6:11).
“Los hombres como él”… ¿y cómo eran los otros, los que no eran como él?
El entendimiento de tu posición y de tu identidad te pone por encima de los enemigos de tu propósito.
Saber quién sos y para qué estás intimida a la oposición.
Cuando entendés la importancia de tu llamado, de tu propósito, de tu función y de quién sos… nada ni nadie te puede detener.
“¡Un hombre como yo!”
¿Un esclavo?
¿Un copero?
¿Un sirviente?
¿Un falso arquitecto?
¿Un estratega del subdesarrollo?
Un llamado por Dios.
¿Cómo vas con lo que Dios te pidió?
¿Cómo vas con tu crecimiento espiritual?
¿Cómo vas con tus metas?
¿Cómo vas con tu disciplina?
¿Hay obstáculos?
¿El diablo te molesta?
¿Te pone trabas?
¿Te ladra fuerte para asustarte?
¿Qué clase de “hombre” (o mujer) sos?
¿Estás preparando la huida?
¿Te estás escondiendo?
El problema no es problema.
El problema es la actitud con que encarás el problema.
