No alcanza con estar, es necesario permanecer.
No alcanza con permanecer, es necesario creer.
No alcanza con creer, es necesario actuar.
Podría seguir y decirte que no alcanza con actuar, es necesario dar fruto; que no alcanza con dar fruto, sino que es necesario que ese fruto permanezca. Incluso volver al inicio y decirte que no alcanza con que ese fruto permanezca, sino que es necesaria la transformación.
Seguramente esto va a levantar polvareda. Todos los días tengo que estar “atendiendo” a seudoteólogos que, mostrando tremenda falta de entendimiento, me saltan al cuello con la típica: “¿Dónde dice eso la Biblia?”. Así que, para ellos, va dedicado esto:
No alcanza con creer.
No alcanza con tener fe.
No alcanza con recibir a Cristo ni estar bajo la cobertura de su sangre…
Es necesario permanecer.
Es normal relajarte cuando alcanzás una posición. Sin ir más lejos, las escaleras tienen “descansos” para que la subida se te haga más llevadera.
Lo mismo cuando diste un examen y promocionaste: te relajás, bajás un cambio. Cuando te ascendieron, mantenés el ritmo, pero ya estás “tranqui”. ¿Y los que hicieron de todo para conseguir pareja? Cuando la consiguen empiezan a “echar panza”… jajaja.
Pero así como en el mundo de los negocios suele decirse: “no alcanza con llegar, es necesario permanecer”, en el reino de los cielos, “los negocios de mi Padre”, como diría Jesús (Lucas 2:49), es necesario… permanecer.
Pablo usa una alegoría con las carreras en los estadios griegos para que los corintios entiendan que no alcanzaba con haber escuchado. En 1 Corintios 9:24 les dice:
“¿Acaso no saben ustedes que, aunque todos corren en el estadio, solamente uno se lleva el premio? Corran, pues, de tal manera que lo obtengan.”
No alcanza con estar, no alcanza con haberse inscrito, no alcanza con estar corriendo… hay que correr “como para ganar”.
Peor que eso, o más fuerte, es cuando en el capítulo siguiente les dice:
“…todos nuestros antepasados estuvieron bajo la nube.
…todos cruzaron el mar.
…Todos fueron bautizados en la nube y en el mar.
…todos ellos comieron el mismo alimento espiritual,
…todos bebieron la misma bebida espiritual, …Cristo.
Pero la mayoría de ellos no agradó a Dios, y por eso quedaron tendidos en el desierto.”
(1 Corintios 10:1-5)
No alcanza con estar, es necesario permanecer.
No alcanza con permanecer… hay que hacer las cosas como para ganar.
¿Viste las películas románticas que, después de todo tipo de dificultades, terminan con la pareja unida o casándose?
¿Viste que, cuando pasa eso y termina, llega el “FIN” de la peli?
¿Sabías que no es el fin, no?
¿Sabías que realmente ahí empieza?
Convivencia.
Adaptación.
Tareas de la casa.
Economía del hogar.
Ingresos de uno y del otro (o del otro).
La plata que no alcanza.
Llegan los chicos (ponerse de acuerdo sobre tenerlos o no).
Ponerse de acuerdo sobre la educación.
La escuela.
Etc.
No alcanza con llegar, no alcanza con estar: es necesario permanecer, es necesario avanzar.
Llegaste a Cristo, te dijeron que ya está, que ya “paraste de sufrir”, que “se puede vivir de otra manera”. Pero para vivir de otra manera hay que tomar decisiones. Hay que ser determinado. Hay que actuar.
¿Llegaste?
¿Alcanzaste?
¿Cómo va tu proceso?
¿Cómo van tus decisiones?
¿Cómo va tu progreso?
Declaramos año de nuevas etapas. Cada etapa que termina da inicio a una nueva. Cada nueva etapa es un nuevo nivel: nivel de entendimiento, de revelación, de madurez, de decisiones.
Cada nuevo nivel es un empezar en fojas cero. El cronómetro vuelve a contar.
Como cuando terminaste la primaria y eras el más canchero, con toda la experiencia, el más grande…
Y empezás la secundaria y sos el más desubicado, el más inexperto… y el más chico.
No alcanza con llegar ni con estar ni con haber alcanzado.
Es necesario permanecer, es necesario actuar, es necesario avanzar.
“Así que, el que crea estar firme, tenga cuidado de no caer.” (1 Corintios 10:12)
