Decisión, Enfoque y Visión.

Se me ocurre que este versículo es el puente, o péndulo, o fusible… entre los religiosos recalcitrantes y los cristianos carnales (mmmm… ¿y si los religiosos son carnales?).
Bueno, entre los legalistas y los liberales (no hablo de política).

Ayer alguien me preguntaba cómo definir qué está bien y qué está mal cuando la Biblia no lo aclara específicamente. Una buena pregunta —te dirían en una entrevista—, y es que la Biblia, en el mejor de los casos, tiene 2000 años de antigüedad (eso sin hablar de los libros de la Ley o los proféticos, que andan entre los 3000 y 5000).

Por lo tanto, hay cosas que ¡obviamente! no van a estar escritas.

¿Habla la Biblia de las adicciones? No, pero sí.
¿Habla la Biblia del tabaco o cigarrillo? No, pero podríamos entender que sí.
¿Habla la Biblia de manipulación genética? No… pero casi.
¿Habla la Biblia de identidad o cambio de género? No, para nada, pero se puede deducir.
¿Habla la Biblia de internet, inteligencia artificial, robótica? No, para nada (creo).

Eso nos lleva a situaciones en las que, o no sabemos cómo actuar o responder, o “mandamos fruta” inventando o suponiendo respuestas.

Bueno, al mismo tiempo hay otras cosas que la Biblia sí dice y no queremos reconocer, o preferimos ignorar. Me encuentro hoy nuevamente con un texto que confronta (no es el que te hablé arriba), que dice lisa y llanamente:

“Ninguno debe buscar su propio bien, sino el bien del otro.” (1 Corintios 10:24)

Que tira por tierra cualquier argumento con el que queramos obligar al otro a seguir nuestra postura, o a dejar su manera, o a aceptar una visión. Que aún en una cuestión de conveniencias, debemos poner en primer lugar al otro, porque en definitiva estamos para edificar y no destruir; para acercar al otro a la fe, al evangelio, a Cristo, y no alejarlo (como muchas veces hace la iglesia).

O el otro que dice:

“Si algún incrédulo los invita, y ustedes aceptan la invitación, vayan y coman de todo lo que se les ofrezca, y no pregunten nada por motivos de conciencia.” (1 Corintios 10:27)

Cuando, seguramente, lo que hacemos es cuestionar previamente si está bien lo que este me ofrece, o si debo participar de su casa o mesa. Para estos casos hay un principio que debe prevalecer: adaptarnos sin amoldarnos, para encajar y transformar.

Pero levantamos banderas religiosas y juzgamos (juzgan) al del tatuaje, al del piercing, al del pelo de colores raros, al punk (¿existen todavía?), al emo, al rockero, al heavy… pará… al separado, al divorciado, al alcohólico, al adicto, al fumador; a la prostituta, ¿al prostituto?, a la lesbiana, al homosexual.

¡No sea cosa que nos vean con ellos y nos traten como a ellos!

“Ninguno debe buscar su propio bien, sino el bien del otro.” (1 Corintios 10:24)

El problema es que debemos cuidar tanto al otro que, si por nuestras acciones va a caer, debemos evitar ser de tropiezo…

“A cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una piedra de molino y que lo hundieran en el fondo del mar.” (Mateo 18:6)

¿Cuál es la medida entonces? Y acá vamos con el fusible:

“Todo me está permitido, pero no todo es provechoso; todo me está permitido, pero no todo edifica.” (1 Corintios 10:23)

No te fijes si es legal o permitido. Ni te quedes con el “no se debe” ni con el “soy libre para hacer”. El foco está en el resultado, tanto para vos como para un tercero.

Antes de tomar una decisión dudosa, preguntate:

¿Esto edifica?
¿Es productivo?
¿Qué fruto deja?
¿Da gloria a Dios?
¿Me acerca a Dios?
¿Acerca a otros a Dios a través de mi ejemplo?
¿Qué pasa después?
¿Qué sensación me deja?

O mejor…

¿Es algo que podrías contar públicamente con orgullo?
¡Ups!

Unos capítulos antes, en 6:12, Pablo decía lo mismo pero poniendo otro condimento:

“Todo me está permitido, pero no todo me conviene. Todo me está permitido, pero no permitiré que nada me domine.”

¿Te conviene lo que hacés?
¿Te domina, te controla?

-¡No! Yo lo controlo.
¿Sí? ¿Podés dejarlo?

“Todo me está permitido, pero no todo es provechoso; todo me está permitido, pero no todo edifica… Todo me está permitido, pero no permitiré que nada me domine.”

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